La vitamina D puede mantenerse baja incluso cuando una persona recibe exposición solar habitual. La razón no siempre está en la cantidad de sol, sino en lo que ocurre después: absorción intestinal, transporte, metabolismo hepático y renal, peso corporal, medicamentos y determinadas características genéticas pueden modificar los niveles de 25-hidroxivitamina D en sangre. Cuando el resultado permanece bajo, conviene buscar la causa antes de aumentar por cuenta propia la suplementación.
¿Por qué la vitamina D puede seguir baja aunque tomes el sol?
La exposición a los rayos UVB permite que la piel produzca vitamina D3, pero ese es solo el comienzo del proceso. Después, la molécula debe transformarse en el hígado en 25-hidroxivitamina D, la principal forma utilizada para evaluar las reservas mediante un análisis de sangre. Posteriormente, los riñones participan en la formación de la forma biológicamente activa.
Por eso, una concentración baja puede tener relación con problemas que ocurren después de la síntesis cutánea. También influyen la edad, la pigmentación de la piel, la cantidad de superficie expuesta, la estación del año, el uso de ropa que cubre gran parte del cuerpo y algunos medicamentos. La exposición solar tampoco debe aumentarse de manera indiscriminada, ya que una mayor cantidad de radiación ultravioleta no es una estrategia segura para corregir un déficit.

¿Qué investigación explica por qué algunas personas no responden igual?
Una revisión publicada en Nutrients en 2025 analizó las variantes genéticas relacionadas con la vitamina D y describió diferencias individuales en genes implicados en su síntesis, transporte y metabolismo. Entre ellos aparecen DHCR7, CYP2R1, CYP27B1, GC y CYP24A1, que intervienen en diferentes etapas de la vía de la vitamina D.
Según esta investigación, los factores genéticos pueden influir en los niveles de 25-hidroxivitamina D y ayudar a explicar por qué algunas personas presentan concentraciones diferentes aun con exposiciones ambientales similares. Los autores también señalan que la mayoría de estas variantes no se analiza de forma rutinaria en la práctica clínica. El trabajo completo puede consultarse en la investigación sobre variantes genéticas que influyen en los niveles de vitamina D.
¿Puede el intestino impedir que aproveches la vitamina D?
La vitamina D es liposoluble, por lo que su absorción depende en parte de una digestión y absorción intestinal adecuadas. Enfermedades que afectan al intestino pueden dificultar este proceso y mantener bajos los niveles incluso cuando existe exposición solar.
La celiaquía, la enfermedad de Crohn, determinadas enfermedades inflamatorias intestinales, la fibrosis quística y el síndrome de intestino corto se encuentran entre las situaciones relacionadas con una mayor frecuencia de déficit. También pueden influir algunas cirugías bariátricas y trastornos que alteran la absorción de grasas. En estos casos, aumentar simplemente la dosis de un suplemento puede no resolver el problema de fondo.
Entre las situaciones que pueden justificar una investigación más detallada se encuentran:
- Malabsorción intestinal: puede reducir la cantidad de vitamina D que llega a la circulación.
- Enfermedad celíaca: puede alterar la absorción de nutrientes incluso cuando los síntomas digestivos son discretos.
- Enfermedad de Crohn: la inflamación y las alteraciones intestinales pueden contribuir a niveles bajos.
- Cirugía bariátrica: determinados procedimientos pueden reducir la absorción de nutrientes liposolubles.
- Enfermedades hepáticas: pueden interferir en las transformaciones necesarias para el metabolismo de la vitamina.
- Enfermedad renal: puede dificultar la conversión hacia la forma activa de vitamina D.
Cuando existe sospecha de mala absorción, el análisis de vitamina D puede formar parte de una evaluación más amplia, junto con otros parámetros determinados por el médico según los antecedentes y los síntomas.

¿El sobrepeso puede mantener baja la vitamina D?
El sobrepeso y la obesidad están asociados con concentraciones más bajas de 25-hidroxivitamina D. Una de las explicaciones estudiadas es la distribución de esta vitamina liposoluble en una mayor cantidad de tejido adiposo, lo que puede reducir su concentración circulante.
Una revisión publicada en Current Obesity Reports analizó los mecanismos propuestos y señaló que las personas con obesidad suelen presentar niveles inferiores de 25-hidroxivitamina D. También se ha estudiado el papel de la inflamación de bajo grado, el metabolismo del tejido adiposo y otros factores metabólicos. Esto no significa que la obesidad sea siempre la causa del déficit ni que corregir la vitamina D produzca por sí mismo una pérdida de peso.
La relación es compleja. Una revisión sistemática de estudios prospectivos tampoco encontró evidencia suficientemente uniforme para establecer una relación causal clara entre la deficiencia de vitamina D y la obesidad. Por eso, el peso corporal debe considerarse un factor que puede modificar el estado de vitamina D, no una explicación automática para cada resultado bajo.
¿Qué ocurre si el hígado o los riñones no funcionan correctamente?
Después de producirse en la piel o incorporarse mediante alimentos y suplementos, la vitamina D necesita pasar por diferentes etapas metabólicas. El hígado convierte la vitamina D en 25-hidroxivitamina D y los riñones participan posteriormente en la producción de 1,25-dihidroxivitamina D, una forma activa con funciones importantes en el equilibrio del calcio y el fósforo.
Por eso, enfermedades hepáticas o renales pueden alterar el metabolismo de esta vitamina. La situación requiere especial atención cuando existe una enfermedad renal crónica, una alteración importante de la función hepática o resultados que no mejoran pese a una suplementación correctamente indicada.
También existen diferencias en la respuesta de los tejidos. Las variantes del receptor de vitamina D y de las enzimas que participan en su metabolismo han sido estudiadas como posibles modificadores de la respuesta individual. Sin embargo, hablar de una supuesta resistencia a los receptores de vitamina D como causa habitual de niveles bajos sería una simplificación. Los problemas de señalización y los niveles sanguíneos son fenómenos relacionados, pero no equivalentes.
¿Qué hacer si el nivel continúa bajo después de tomar suplementos?
La persistencia de un nivel bajo merece revisar primero si el diagnóstico, la dosis, la adherencia y el tiempo de tratamiento son adecuados. También puede ser necesario investigar absorción intestinal, peso corporal, función hepática y renal, medicamentos utilizados y otras alteraciones metabólicas.
La estrategia puede cambiar según la causa identificada. Una revisión publicada en Nutrients en 2025 destaca precisamente que la respuesta a la suplementación puede variar según el peso corporal, la capacidad de absorción, el metabolismo y la función renal. Por eso, más vitamina D no siempre significa una mejor respuesta.
- Confirmar el nivel de 25-hidroxivitamina D mediante análisis cuando esté indicado.
- Revisar la dosis y la duración de la suplementación con un profesional.
- Considerar problemas de absorción si existen antecedentes digestivos.
- Valorar la función renal y hepática cuando existan factores de riesgo.
- Revisar medicamentos que puedan interferir en el metabolismo de la vitamina.
- Evitar aumentar las dosis por cuenta propia para intentar corregir rápidamente el resultado.
La vitamina D baja no debe interpretarse automáticamente como falta de sol. Cuando los niveles permanecen reducidos pese a una exposición solar habitual, la explicación puede estar en la absorción, el metabolismo, el peso corporal, determinados medicamentos o factores genéticos. La evaluación de la causa permite elegir una estrategia más adecuada y evitar dosis innecesariamente elevadas. Este contenido es exclusivamente informativo y no sustituye la evaluación médica; la suplementación y su dosis deben ajustarse a las características y necesidades de cada persona.









