El cansancio que no mejora con el descanso, la caída de pelo más intensa de lo habitual, la dificultad para concentrarse o la sensación de que el cuerpo no rinde como antes. Muchas mujeres aprenden a convivir con esas señales atribuyéndolas al estrés, al ritmo de vida o simplemente al paso de los años. Pero detrás de ese conjunto de síntomas puede haber una anemia sin diagnosticar. Según datos de la OMS, el 37% de las mujeres embarazadas y el 30% de las mujeres de entre 15 y 49 años padecen anemia a nivel mundial, y una parte significativa de ellas no lo sabe.
Por qué las mujeres tienen mayor riesgo y en qué momentos de la vida es más crítico
La anemia ocurre cuando la sangre no cuenta con suficientes glóbulos rojos sanos o con la cantidad adecuada de hemoglobina, la proteína encargada de transportar el oxígeno a los tejidos. Como consecuencia, los órganos y músculos reciben menos oxígeno del que necesitan, y aparecen síntomas que pueden instalarse de forma tan gradual que la persona se adapta a ellos sin darse cuenta.
Las mujeres en edad fértil son el grupo con mayor riesgo de desarrollar anemia ferropénica precisamente porque las pérdidas de sangre asociadas a la menstruación, especialmente cuando los sangrados son abundantes o prolongados, generan una demanda de hierro que muchas veces la dieta no cubre. La doctora María Soledad Undurraga, hematóloga de Clínica Universidad de los Andes, señala que como no existe un parámetro claro sobre qué cantidad de sangrado es normal y tampoco es un tema que se converse habitualmente, muchas minimizan menstruaciones muy abundantes y consultan solo cuando el cansancio ya es importante. Añade que, dado que la pérdida de hierro ocurre de manera progresiva, suelen acudir tardíamente, cuando la anemia ya está instalada. Una revisión publicada en la revista Clinical Gastroenterology and Hepatology en 2024 confirmó que el diagnóstico de anemia ferropénica llega tarde en la mayoría de los casos porque la deficiencia de hierro avanza en tres fases progresivas, de las cuales solo la última produce alteraciones evidentes en el hemograma convencional.
El embarazo es otro momento crítico. El doctor José Luis Briones, hematólogo clínico y máster en Medicina de Precisión y Genética, explica que la madre necesita expandir su volumen sanguíneo y movilizar sus reservas de hierro para formar los glóbulos rojos del bebé, especialmente durante el segundo y tercer trimestre. Añade que el déficit de hierro materno puede afectar el desarrollo del embarazo y el desempeño neurológico y cognitivo del hijo. Las necesidades no terminan con el parto: la lactancia y la recuperación postparto siguen demandando nutrientes que, si no se reponen, pueden mantener o agravar el déficit.

Los síntomas que más se normalizan y que merecen atención
El cansancio persistente es el síntoma más conocido, pero no el único. Briones subraya que muchas mujeres normalizan estos síntomas y que el llamado es a conocer el propio cuerpo: cualquier cambio respecto de la normalidad debe llamar la atención.
- Fatiga extrema y falta de energía desproporcionada al esfuerzo realizado: cuando la pérdida de hierro es muy lenta, el organismo puede tardar años en agotar sus reservas. Durante ese tiempo la persona se adapta progresivamente, pero llega un momento en que el cansancio es tan importante que incluso actividades tan simples como caminar pueden volverse muy difíciles, señala la doctora Undurraga.
- Dificultad para concentrarse y niebla mental: el cerebro es especialmente sensible al déficit de oxígeno. La reducción de hemoglobina afecta directamente la oxigenación del tejido cerebral, produciendo lentitud en el razonamiento y fallos de memoria que muchas personas atribuyen al estrés.
- Caída del cabello, uñas quebradizas y palidez: el hierro es necesario para la síntesis de queratina y para la pigmentación de la piel a través de la hemoglobina. Su déficit produce esas señales visibles que con frecuencia se abordan desde la cosmética sin investigar su causa interna.
- Mareos, dolor de cabeza y palpitaciones: el corazón compensa la menor capacidad de transporte de oxígeno de la sangre aumentando su frecuencia, lo que produce palpitaciones y disnea ante esfuerzos habituales que antes no lo requerían.
- Síndrome de pica: en casos más severos puede aparecer el deseo de consumir sustancias poco habituales como hielo, tierra o incluso cemento, señala Undurraga. Es uno de los signos más específicos de la deficiencia de hierro grave.
Cómo se diagnostica correctamente y por qué el hemograma no siempre es suficiente
El diagnóstico suele comenzar con un hemograma, pero Briones insiste en que ese examen no siempre es suficiente. La anemia es la consecuencia final del déficit de hierro: antes de que aparezca, el organismo ya agotó sus reservas. Por eso insiste en la importancia de medir la ferritina, el examen que permite conocer los depósitos de hierro del organismo. Si existen síntomas sugerentes de déficit de hierro aunque todavía no haya anemia, la ferritina puede detectar el problema a tiempo. Para entender mejor qué es la anemia ferropénica, qué valores de ferritina indican déficit subclínico y qué tratamientos existen según la gravedad, conviene revisar también las diferencias entre las distintas formas de hierro suplementario en cuanto a absorción y tolerancia digestiva.
Undurraga advierte que antes de indicar suplementos siempre es necesario realizar estudios, ya que no todas las anemias tienen la misma causa. Algunas enfermedades congénitas como las talasemias provocan acumulación de hierro, y administrar suplementos en esos casos puede producir daño en distintos órganos.

Cuándo suplementar, qué favorece la absorción y qué la dificulta
En condiciones normales, una alimentación equilibrada que incluya proteínas animales como carne, pollo o pescado suele ser suficiente para mantener los niveles de hierro en una persona sin pérdidas especiales. Cuando hay sangrados importantes, enfermedades que dificultan la absorción o etapas de alta demanda como el embarazo, es muy difícil que solo con la alimentación se logre corregir el déficit, señala Briones, y en esos casos suele ser necesario recurrir a suplementos de hierro indicados por un médico.
- El té, el café y los lácteos interfieren en la absorción del hierro. No significa que haya que eliminarlos, pero sí consumirlos lejos de las comidas principales o de los suplementos de hierro, explica Briones.
- Los cítricos y los alimentos ricos en vitamina C potencian la absorción de hierro cuando se consumen en la misma comida que la fuente de hierro o con el suplemento.
- El hierro de las fuentes animales, hierro hemo, tiene una biodisponibilidad entre dos y tres veces superior a la del hierro de las fuentes vegetales, hierro no hemo, lo que es especialmente relevante para personas con dietas vegetarianas o veganas sin suplementación.
Las mujeres con reglas abundantes, embarazadas, en período de lactancia, con enfermedades intestinales o con bajo peso son algunos de los grupos que deberían realizar controles médicos periódicos. La anemia afecta la calidad de vida, disminuye el rendimiento físico, la capacidad de concentración, favorece la fatiga crónica e incluso puede aumentar la susceptibilidad a infecciones. Un chequeo anual con hemograma y ferritina permite detectar el déficit antes de que aparezcan complicaciones, y ese diagnóstico precoz es la diferencia entre una intervención sencilla y un proceso de recuperación largo.
Este artículo tiene una finalidad exclusivamente informativa y no sustituye la evaluación médica profesional. Ante síntomas compatibles con anemia o grupos de riesgo identificados, consulte con su médico para solicitar las pruebas diagnósticas adecuadas antes de iniciar cualquier suplementación.









