La presión alta no siempre se debe a la edad o al estrés. Conoce los factores modificables y las enfermedades que pueden elevarla de forma silenciosa.
La hipertensión arterial afecta a uno de cada tres adultos en España y es el principal factor de riesgo modificable de infarto de miocardio, ictus e insuficiencia renal. Sin embargo, la mayoría de las personas que la tienen no saben exactamente por qué la desarrollaron ni qué factores están contribuyendo a mantener su presión elevada. Entender las causas reales permite actuar sobre las que son modificables antes de que el daño en órganos diana sea irreversible.
Hipertensión primaria y secundaria: una distinción fundamental
Aproximadamente el 90 al 95% de los casos de hipertensión son de tipo primario o esencial, lo que significa que no tienen una causa única identificable. Es el resultado de la interacción entre predisposición genética, envejecimiento arterial y factores de estilo de vida que actúan durante años de forma acumulada. El 5 al 10% restante corresponde a hipertensión secundaria, donde sí existe una causa identificable y tratable que, una vez corregida, puede normalizar la presión.
Una revisión publicada en la Revista Española de Cardiología en 2024 sobre la epidemiología de la hipertensión en España confirmó que la prevalencia de la hipertensión en adultos españoles supera el 33%, con un porcentaje significativo de casos sin diagnóstico previo y un control insuficiente en los pacientes ya diagnosticados, lo que subraya la importancia de identificar y actuar sobre sus causas desde etapas tempranas.

Los factores que no se pueden cambiar
Hay factores que determinan el riesgo de hipertensión de forma independiente al estilo de vida y sobre los que no es posible actuar directamente, aunque sí orientan la vigilancia y el cribado.
- Genética y antecedentes familiares: la predisposición genética es uno de los factores más determinantes. Un estudio publicado en Nature Genetics en 2024, que analizó el genoma de más de un millón de personas, identificó más de 2.000 variantes genéticas asociadas a mayor riesgo de hipertensión. Tener uno o ambos progenitores hipertensos multiplica el riesgo individual de forma significativa.
- Edad: con el envejecimiento, las arterias pierden elasticidad y su capacidad de dilatarse ante el flujo de sangre se reduce. La presión sistólica tiende a subir de forma progresiva a partir de los 50 a 60 años incluso sin cambios en el estilo de vida.
- Sexo: los hombres tienen mayor predisposición a la hipertensión antes de los 55 años. En las mujeres, el riesgo aumenta de forma significativa después de la menopausia por la pérdida del efecto protector del estrógeno sobre el endotelio vascular.
- Etnia: hay diferencias documentadas en la prevalencia e intensidad de la hipertensión según el origen étnico, aunque los mecanismos específicos no están completamente dilucidados.
Los factores modificables con mayor impacto
Sobre estos factores sí se puede actuar de forma directa, y su modificación produce reducciones medibles de la presión arterial en semanas o meses. Para entender mejor cómo se diagnostica la hipertensión y cuáles son los objetivos de presión recomendados según las guías actuales, conviene revisar también los criterios de las guías ESC 2024 y la diferencia entre los distintos grados de hipertensión.
- Exceso de sodio en la dieta: es el factor dietético con mayor impacto individual sobre la presión arterial. Cada gramo adicional de sodio diario se asocia a aumentos de la presión sistólica de entre 1 y 2 mmHg. La dieta española media supera ampliamente los 5 gramos de sal al día recomendados por la OMS, principalmente a través de alimentos procesados, embutidos y pan industrial.
- Sobrepeso y obesidad abdominal: el exceso de grasa visceral activa el sistema renina-angiotensina-aldosterona, aumenta la resistencia vascular periférica y produce una hiperactivación del sistema nervioso simpático que mantiene la presión elevada de forma crónica.
- Sedentarismo: la actividad física aeróbica regular produce reducciones de la presión sistólica de entre 4 y 9 mmHg. El sedentarismo mantiene la rigidez arterial y reduce la eficiencia del corazón para gestionar el volumen de sangre.
- Alcohol: el consumo habitual de más de una copa diaria en mujeres o dos en hombres eleva la presión arterial de forma directa y reduce la eficacia de los fármacos antihipertensivos.
- Tabaco: cada cigarrillo produce una elevación aguda de la presión por vasoconstricción. A largo plazo, el tabaco daña el endotelio vascular y acelera la arteriosclerosis, potenciando el efecto de otros factores de riesgo.
- Estrés crónico: la activación sostenida del eje del cortisol y del sistema nervioso simpático mantiene la presión elevada de forma crónica. No produce hipertensión por sí solo, pero amplifica el efecto de los demás factores.

Las causas de la hipertensión secundaria que no deben ignorarse
Cuando la hipertensión aparece de forma brusca en una persona joven sin factores de riesgo clásicos, es resistente a varios fármacos antihipertensivos o se acompaña de síntomas específicos, debe investigarse una causa secundaria tratable. Las más frecuentes son las siguientes.
- Enfermedad renal crónica: los riñones regulan la presión a través del sistema renina-angiotensina. Cuando su función está deteriorada, ese sistema se desregula y produce hipertensión secundaria difícil de controlar.
- Hiperaldosteronismo primario: la producción excesiva de aldosterona por la glándula suprarrenal produce retención de sodio y agua y es la causa más frecuente de hipertensión secundaria, presente en hasta el 10% de los hipertensos resistentes.
- Hipotiroidismo: los niveles bajos de hormona tiroidea aumentan la resistencia vascular periférica y elevan la presión diastólica.
- Apnea del sueño: los episodios repetidos de hipoxia nocturna activan el sistema nervioso simpático y producen hipertensión que no responde bien al tratamiento convencional si la apnea no se trata.
- Medicamentos: anticonceptivos orales, antiinflamatorios no esteroideos, descongestionantes nasales y algunos antidepresivos pueden elevar la presión arterial de forma significativa.
Por qué la hipertensión no duele y qué hacer ante ello
La hipertensión es el asesino silencioso por definición: no produce síntomas en la mayoría de los casos hasta que el daño en los órganos diana, el corazón, los riñones, el cerebro y la retina, ya es significativo. Eso hace que muchas personas convivan durante años con presiones elevadas sin saberlo. La medición regular de la presión arterial, al menos una vez al año a partir de los 40 años y más frecuentemente si hay factores de riesgo, es la única forma de detectarla antes de que produzca complicaciones. Un tensiómetro validado de uso doméstico combinado con revisiones periódicas en el Centro de Salud es la estrategia de detección más accesible y más eficaz para la mayoría de los adultos. Conocer las causas de la propia hipertensión, si es principalmente dietética, relacionada con el peso, heredada o secundaria a otra enfermedad, es el punto de partida para un tratamiento realmente personalizado.
Este artículo tiene una finalidad exclusivamente informativa y no sustituye la evaluación médica profesional. Ante cifras de presión arterial elevadas o síntomas compatibles con hipertensión, consulte con su médico para recibir una evaluación y un plan de tratamiento adecuados.









