Picor intenso, secreción, ojos afectados y síntomas nasales pueden ayudar a diferenciar una alergia de una conjuntivitis y evitar un tratamiento equivocado.
Despertar con los ojos rojos, irritados y llorosos es un malestar frecuente que genera una duda muy habitual: ¿es una conjuntivitis o una reacción alérgica? Aunque comparten el síntoma clásico del enrojecimiento ocular, sus causas, su evolución y su tratamiento son completamente distintos. Confundirlas y tratar una con el colirio equivocado puede agravar el cuadro de forma significativa y, en el caso de usar corticosteroides oculares sin indicación médica en una conjuntivitis viral, puede producir complicaciones graves como úlceras en la córnea.
Las diferencias clave para identificar cada cuadro
Los oftalmólogos coinciden en que cuatro criterios permiten distinguir con bastante precisión entre conjuntivitis infecciosa y alergia ocular antes de acudir a la consulta: el tipo de picor, la secreción, si afecta a uno o dos ojos y los síntomas acompañantes. Una revisión publicada en la revista Survey of Ophthalmology en 2022 sobre el diagnóstico diferencial de la conjuntivitis confirmó que el picor intenso es el síntoma con mayor valor predictivo positivo para la conjuntivitis alérgica, mientras que la secreción purulenta y el inicio unilateral orientan fuertemente hacia la conjuntivitis bacteriana.

Cuatro criterios que orientan el diagnóstico
Observar con atención estos cuatro aspectos permite orientarse con bastante precisión antes de consultar al médico.
- El picor: es el criterio más diferenciador. En la alergia ocular, el picor es intenso, casi insoportable y es el síntoma predominante. En la conjuntivitis infecciosa, el picor es leve o ausente y se sustituye por sensación de arena, ardor o quemazón en el ojo.
- El tipo de secreción: la conjuntivitis bacteriana produce una secreción espesa, amarillenta o verdosa que hace que los ojos amanezcan pegados y difíciles de abrir. La conjuntivitis viral produce una secreción más acuosa con hinchazón marcada de los párpados. La alergia produce una secreción acuosa, clara y transparente, similar a las lágrimas, sin costras gruesas.
- Uno o dos ojos: la conjuntivitis infecciosa suele comenzar en un solo ojo y puede extenderse al otro en días si hay contacto con las manos. La alergia afecta casi siempre a los dos ojos de forma simultánea, porque la reacción es sistémica ante un alérgeno que llega por el aire.
- Síntomas acompañantes: la alergia ocular se acompaña con frecuencia de estornudos, nariz tapada o con moco, y picor en el paladar o la garganta, síntomas propios de la rinitis alérgica. La conjuntivitis viral puede aparecer junto a síntomas de catarro, fiebre baja, ganglios inflamados en el cuello o infección de garganta previa.
Causas: por qué ocurre cada cuadro
Conocer el origen de cada cuadro es esencial para entender por qué el tratamiento es tan diferente en cada caso y por qué automedicarse con el producto equivocado puede empeorar la situación. Para entender mejor qué tipos de conjuntivitis existen y cómo se diagnostica cada una, conviene revisar también los criterios que determinan cuándo es necesaria la evaluación oftalmológica urgente.
- Conjuntivitis viral: causada por los mismos virus de los resfriados, especialmente el adenovirus. Es altamente contagiosa, puede durar hasta dos semanas y no responde a los antibióticos.
- Conjuntivitis bacteriana: producida por bacterias que entran en contacto con la superficie ocular, especialmente estafilococos y estreptococos. También muy contagiosa, responde a antibióticos tópicos prescritos por el médico.
- Conjuntivitis irritativa: causada por exposición a productos químicos, humo, polución, cloro de piscina o lentes de contacto mal mantenidas. No es contagiosa y mejora al eliminar el factor irritante.
- Alergia ocular: reacción del sistema inmunitario ante alérgenos ambientales como el polen, los ácaros, el pelo de animales, el moho o componentes de cosméticos y colirios. No es contagiosa y responde a antihistamínicos y antiinflamatorios tópicos.

Qué hacer en cada caso: el tratamiento correcto
El error más frecuente y más peligroso en el manejo de los ojos rojos es usar el colirio equivocado. Los colirios con corticosteroides, utilizados sin prescripción médica en una conjuntivitis viral, pueden favorecer la replicación del virus y producir úlceras corneales graves. Los antibióticos tópicos no sirven para las conjuntivitis virales ni para las alergias.
- Para la alergia ocular: retirar el factor desencadenante cuando sea posible, lavar los ojos con suero fisiológico frío para aliviar la inflamación, aplicar compresas frías sobre los párpados cerrados y usar colirios antihistamínicos o estabilizadores de mastocitos prescritos por el médico o el farmacéutico. Los antihistamínicos orales pueden complementar el efecto cuando la alergia es sistémica.
- Para la conjuntivitis viral: no existe tratamiento específico que la elimine. El tratamiento es sintomático: compresas frías, lágrimas artificiales sin conservantes y reposo ocular. La higiene es fundamental para evitar el contagio.
- Para la conjuntivitis bacteriana: colirios antibióticos prescritos por el médico, habitualmente durante cinco a siete días. No interrumpir el tratamiento aunque mejore antes de completarlo.
- Medidas de higiene en conjuntivitis infecciosa: lavarse las manos con frecuencia, usar toallas individuales o de papel desechable, no tocarse los ojos y evitar el contacto cercano con otras personas durante el período contagioso, que puede durar hasta diez días en la conjuntivitis viral.
Cuándo acudir al oftalmólogo sin esperar
La mayoría de las conjuntivitis virales y las alergias oculares leves pueden manejarse con las medidas descritas sin necesidad de consulta urgente. Pero hay señales que indican que el cuadro requiere evaluación oftalmológica sin demora.
Acudir al oftalmólogo de forma inmediata ante dolor ocular intenso, que a diferencia del ardor o el picor leve indica afectación de estructuras más profundas del ojo. También ante fotofobia intensa, la incapacidad de mantener el ojo abierto ante la luz, ante visión borrosa o pérdida de agudeza visual, ante enrojecimiento que persiste más de 48 horas sin mejoría, ante secreción muy abundante en un recién nacido o un lactante, o ante cualquier traumatismo previo en el ojo. El ojo es un órgano que no admite esperas cuando los síntomas son severos: un diagnóstico tardío en algunas formas de uveítis o queratitis puede producir daño permanente en la visión.
Este artículo tiene una finalidad exclusivamente informativa y no sustituye la evaluación médica profesional. Ante ojos rojos persistentes, dolor ocular o cambios en la visión, consulte con su médico u oftalmólogo para recibir el diagnóstico y el tratamiento adecuados.









