El ojo es el único punto del cuerpo donde se pueden observar vasos sanguíneos y tejido nervioso directamente, sin ninguna incisión. Por eso una exploración del fondo de ojo aporta información que va mucho más allá de la vista. Dicho esto, la mayoría de los cambios que se notan en el espejo son pasajeros y sin importancia.
¿Por qué el ojo deja ver el interior del cuerpo?
La pupila funciona como una ventana. A través de ella, con unas gotas que dilatan y una lente, el oftalmólogo examina la retina, sus arterias y venas diminutas y la cabeza del nervio óptico, que es una prolongación directa del sistema nervioso central.
Esos vasos se comportan igual que los del riñón o el cerebro. Cuando la tensión alta o el azúcar elevado los dañan, ese deterioro se ve antes aquí que en ningún otro sitio, y aparece en forma de microaneurismas, hemorragias puntiformes o cruces arteriovenosos alterados.
¿Qué muestra el fondo de ojo en la diabetes?
Un consorcio internacional agrupó datos individuales de estudios poblacionales de todo el mundo en los que la retina se había fotografiado de forma sistemática.
Según el análisis publicado en Diabetes Care en 2012, con 35 estudios y 22.896 personas con diabetes, un 34,6% presentaba algún grado de retinopatía, y en torno al 10% una forma capaz de amenazar la visión. Los autores comprobaron que la prevalencia aumentaba con los años de evolución de la enfermedad y con las cifras de hemoglobina glicosilada y de tensión arterial. Es decir, lo que se ve en la retina refleja el control metabólico de los años previos.
Los cambios que suelen ser pasajeros
Estos son los que más preocupan y casi siempre se resuelven solos:
- Ojos rojos tras una noche corta, mucha pantalla o ambiente seco;
- Una mancha roja intensa y llamativa en el blanco del ojo, que suele ser una hemorragia subconjuntival sin consecuencias;
- Temblor del párpado por cansancio, estrés o exceso de cafeína;
- Orzuelos y párpados hinchados al despertar;
- Alguna mosca volante aislada que aparece con los años;
- Sensación de arenilla y visión borrosa que mejora al parpadear, típica de la sequedad ocular.
Ese último punto se confunde a menudo con la dificultad para enfocar de cerca que empieza hacia los 40. Merece la pena conocer los síntomas de la vista cansada antes de asumir que el problema es de sequedad.

Los signos que pueden apuntar a algo general
Este grupo es más corto y conviene conocerlo sin alarmarse:
- Blanco del ojo amarillento, que refleja bilirrubina acumulada y orienta al hígado o a la vía biliar;
- Depósitos amarillentos en los párpados, llamados xantelasmas, asociados a alteraciones del colesterol;
- Un anillo blanquecino alrededor del iris antes de los 45 años, que también obliga a revisar los lípidos;
- Conjuntiva muy pálida, compatible con anemia;
- Ojos que parecen más salientes, junto a nerviosismo y pérdida de peso, señal posible de hipertiroidismo;
- Sequedad ocular intensa con sequedad de boca y dolor articular, que orienta al síndrome de Sjögren;
- Caída de un párpado o visión doble de aparición reciente.
Ninguno de estos hallazgos diagnostica nada por sí solo. Sirven para plantear una consulta, no para sacar conclusiones en casa.
¿Cuándo hay que pedir valoración?
Hay situaciones que requieren atención el mismo día: pérdida brusca de visión en uno o ambos ojos, aparición repentina de muchas moscas volantes acompañadas de destellos, sensación de cortina que tapa parte del campo visual, dolor ocular intenso con enrojecimiento y halos alrededor de las luces, o visión doble de inicio súbito. En esos casos el tiempo cambia el pronóstico, y esperar a ver si mejora suele salir caro.
Fuera de las urgencias, la recomendación general es una revisión oftalmológica completa cada dos años a partir de los 40, con fondo de ojo y medición de la presión intraocular. La frecuencia pasa a anual en personas con diabetes, hipertensión, miopía elevada o antecedentes familiares de glaucoma. Conviene insistir en el caso de la diabetes: la retinopatía no produce ningún síntoma hasta fases avanzadas, y cuando la visión ya se ha perdido el tratamiento llega tarde. La revisión periódica del fondo de ojo es la única forma de detectarla a tiempo.
Este contenido tiene finalidad informativa y no sustituye la evaluación de un profesional sanitario. Ante cualquier cambio persistente en tu visión o en el aspecto de tus ojos, acude a tu oftalmólogo.









