Los riñones filtran unos 180 litros de sangre al día. Eliminan desechos, regulan los líquidos del cuerpo y ayudan a controlar la tensión arterial. Lo que pones en el plato condiciona ese trabajo. Una dieta con poca sal y muchas verduras ayuda a proteger la función renal durante años. También conviene tomar la proteína justa para tus necesidades.
¿Por qué lo que comes influye en la función renal?
Cada comida deja residuos que hay que filtrar. Son la urea que se forma al digerir carne o pescado, el sodio, el potasio y el fósforo. Cuando la dieta lleva exceso de sal, sube la presión dentro de los glomérulos, que son las pequeñas unidades de filtrado. Con los años, esa sobrecarga se asocia a hipertensión y a una pérdida progresiva de función renal. La diabetes y la hipertensión son las causas más frecuentes de enfermedad renal crónica, y las dos dependen mucho de la alimentación.
¿Qué aporta una dieta basada en vegetales a los riñones?
Una investigación publicada en 2024 siguió a participantes del UK Biobank con enfermedad renal crónica y analizó la calidad de lo que comían. Comer sobre todo vegetales de calidad se asoció a una menor mortalidad en personas con enfermedad renal. Esa dieta se basaba en verduras, frutas, cereales integrales, legumbres y frutos secos.
El matiz está en la otra cara del estudio. Una dieta vegetal poco saludable se asoció a un riesgo mayor. Era la que abundaba en zumos azucarados, bollería, patatas fritas y harinas refinadas. Quitar la carne no basta. La calidad de cada alimento vegetal pesa tanto como su origen, y por eso los alimentos recomendados para el riñón son frescos y poco procesados.

¿Cuáles son los siete alimentos recomendados?
Estos alimentos recomendados aportan antioxidantes, fibra y grasas de calidad. Además, contienen muy poco sodio. La mayoría tiene también un contenido moderado de potasio y fósforo. Esto es útil si ya hay una enfermedad renal y el médico pide vigilar esos minerales.
- Pimiento rojo: rico en vitamina C y vitamina A, con poco potasio. Va bien crudo en ensalada o asado.
- Coliflor: aporta vitamina C, folato y fibra. Sirve como base para purés y como sustituto del arroz.
- Arándanos y frutos rojos: contienen antocianinas, unos pigmentos con efecto antioxidante.
- Manzana: su pectina ayuda a controlar el colesterol y la glucosa en sangre.
- Ajo y cebolla: dan sabor a guisos y sofritos y permiten reducir el salero sin perder gusto.
- Aceite de oliva virgen extra: es la grasa base de la dieta mediterránea y contiene polifenoles antiinflamatorios.
- Pescado: el salmón, la caballa o la lubina aportan proteína de buena calidad y ácidos grasos omega 3.
Sal, fosfatos y ultraprocesados: lo que conviene limitar
La sal encabeza la lista. La OMS recomienda no superar los 5 gramos de sal al día, y en España el consumo medio se acerca al doble. La mayor parte no viene del salero. Llega escondida en productos como estos:
- Embutidos, jamón curado y carnes procesadas.
- Quesos curados, pastillas de caldo y salsas comerciales.
- Pan industrial, aperitivos salados y platos precocinados.
- Refrescos de cola, que contienen ácido fosfórico.
- Ultraprocesados con aditivos de fosfato, como el E-339, el E-340 o el E-450.
Reducir el sodio tiene efectos que se pueden medir. Un análisis complementario publicado en 2025 apuntó que bajar la sal mejora la tensión arterial y la proteinuria en la enfermedad renal crónica. Aún faltan estudios largos que confirmen si frena el avance del daño. El fósforo de los aditivos se absorbe casi por completo, mucho más que el de las legumbres o los frutos secos.
¿Cuánta proteína conviene tomar?
La proteína es imprescindible para mantener el músculo. Aun así, al metabolizarla se produce urea, y los riñones tienen que eliminarla. Un adulto sano necesita unos 0,8 gramos por kilo de peso al día. Si hay enfermedad renal crónica sin diálisis, el nefrólogo suele bajar esa cantidad. Comer más de lo necesario no aporta ningún beneficio extra.
En hemodiálisis ocurre lo contrario. El tratamiento elimina aminoácidos, así que las necesidades suben y además hay que controlar líquidos, potasio y fósforo. Si te encuentras en esa situación, te ayudará conocer cómo adaptar la alimentación en hemodiálisis con pautas concretas. En cualquier caso, es mejor elegir pescado, huevo y legumbres que carnes procesadas.
¿Cómo llevar estos cambios a la cesta de la compra?
Cuidar los riñones empieza en el supermercado. Mira el sodio en la etiqueta y elige verduras frescas o congeladas sin sal añadida. En la cocina, cambia el salero por ajo, limón, comino o pimentón. Llena medio plato con hortalizas y un cuarto con pescado o legumbres, y aliña con aceite de oliva virgen extra. Así reúnes casi todos los alimentos recomendados. Si tienes diabetes, hipertensión o antecedentes familiares, pide una analítica con creatinina y filtrado glomerular. Permite vigilar la función renal antes de que aparezcan síntomas.
Esta información es orientativa y no sustituye la valoración de un profesional sanitario, sobre todo si ya tienes una enfermedad renal o sigues una dieta pautada. Ante cualquier síntoma o duda sobre tu alimentación, consulta con tu médico o con un dietista-nutricionista.









