Uno de los malentendidos más frecuentes en medicina deportiva y nefrología es la interpretación de una creatinina sérica elevada en una persona que toma creatina como señal de daño renal. El médico ve el valor alto, lo compara con el rango de referencia del laboratorio, y en algunos casos recomienda dejar el suplemento. La persona abandona la creatina convencida de que le estaba haciendo daño a los riñones. Pero ese razonamiento tiene una falla de base: la creatinina elevada en alguien que toma creatina y entrena fuerza no indica daño renal. Indica que el metabolismo está funcionando exactamente como debe.
Qué es la creatinina y por qué sube con la creatina
La creatinina es el producto de degradación de la fosfocreatina muscular, la molécula que el músculo usa para regenerar ATP de forma inmediata durante los primeros segundos de un esfuerzo intenso. Cuando el músculo usa fosfocreatina, libera creatina libre que se convierte de forma espontánea en creatinina a través de una reacción química no enzimática. Esa creatinina pasa al torrente sanguíneo y se elimina por el riñón mediante filtración glomerular sin reabsorción tubular significativa, lo que la convierte en un marcador útil de la función renal en condiciones basales.
El problema aparece cuando se interpretan sus valores fuera de contexto. La creatinina sérica depende directamente de dos factores: la masa muscular de la persona, que determina cuánta fosfocreatina se degrada diariamente, y la cantidad de creatina disponible en el músculo, que aumenta con la suplementación. Una persona con mayor masa muscular tiene valores de creatinina más altos que una persona sedentaria aunque ambas tengan riñones perfectamente sanos. Y una persona que toma creatina tiene más creatina disponible para degradarse en creatinina, lo que eleva adicionalmente el valor sérico sin que los riñones tengan absolutamente nada que ver con esa elevación. Una revisión publicada en la revista Journal of the International Society of Sports Nutrition en 2023 confirmó que la suplementación con creatina monohidratada a dosis estándar de tres a cinco gramos diarios produce aumentos de la creatinina sérica de entre 0,1 y 0,3 mg/dL sin ningún cambio en la tasa de filtración glomerular estimada, la cistatina C ni ningún marcador de daño tubular renal.

Por qué la creatinina es un marcador imperfecto para evaluar riñones en deportistas
Los rangos de referencia de creatinina sérica que los laboratorios utilizan, habitualmente entre 0,6 y 1,1 mg/dL en mujeres y entre 0,7 y 1,3 mg/dL en hombres, se calcularon a partir de poblaciones de referencia que incluyen personas de distintos tamaños corporales, distintos niveles de actividad física y distintas masas musculares. Un deportista de fuerza con alta masa muscular que no toma creatina puede tener creatininas de 1,4 o 1,5 mg/dL que quedan fuera del rango pero que reflejan perfectamente su metabolismo normal, no ningún problema renal.
Cuando se añade suplementación con creatina, esa elevación se amplifica aún más. El resultado es que la creatinina sérica como marcador único de función renal tiene una especificidad muy baja en personas activas y en usuarios de creatina: puede estar elevada sin que haya ningún problema renal, y puede ser normal en fases iniciales de enfermedad renal real en personas con poca masa muscular. Para entender mejor qué significa tener la creatinina alta en la analítica, cuáles son sus causas y cuándo realmente indica un problema renal, conviene revisar también las diferencias entre la creatinina como marcador de producción muscular y como marcador de filtración glomerular.
Las pruebas que sí evalúan la función renal real en personas que toman creatina
Cuando existe la sospecha de daño renal real, ya sea por síntomas, antecedentes familiares o factores de riesgo, hay marcadores significativamente más precisos que la creatinina sérica aislada para evaluar si los riñones están filtrando correctamente.
- Tasa de filtración glomerular estimada con cistatina C: la cistatina C es una proteína producida por todas las células nucleadas del organismo a una tasa constante que no depende de la masa muscular ni del consumo de creatina. Su concentración sérica refleja la filtración glomerular de forma mucho más precisa que la creatinina en personas con masa muscular atípica, ya sea por exceso en deportistas o por déficit en personas con sarcopenia. Es el marcador recomendado por las guías nefrológicas cuando la creatinina puede ser confundida por factores no renales.
- Tasa de filtración glomerular estimada con la ecuación CKD-EPI: las ecuaciones modernas de estimación de la TFG como CKD-EPI incorporan la creatinina pero también la edad y el sexo para ajustar el cálculo. Un valor de TFG estimada superior a 90 mL/min/1,73m² indica función renal normal independientemente del valor absoluto de creatinina. Un deportista con creatinina de 1,5 mg/dL pero TFG estimada de 95 mL/min tiene riñones perfectamente sanos.
- Microalbuminuria o cociente albúmina/creatinina en orina: la presencia de proteína en la orina es uno de los marcadores más sensibles de daño glomerular real. Un riñón sano retiene casi completamente las proteínas y no las excreta en la orina. Su detección, incluso en cantidades pequeñas, indica que la membrana de filtración está dañada, lo que la creatinina sérica no puede detectar en fases iniciales.
- Sedimento urinario: la presencia de cilindros celulares, hematuria glomerular o proteinuria en el análisis de orina son señales de daño renal activo que son independientes de los valores de creatinina y que deben investigarse siempre que existan.

Qué dice la evidencia sobre la seguridad renal de la creatina a largo plazo
La creatina monohidratada es el suplemento deportivo más estudiado en la historia de la nutrición deportiva, con más de mil estudios publicados en las últimas tres décadas. La evidencia acumulada sobre su seguridad renal es consistente y en una sola dirección: en personas sin enfermedad renal preexistente, el consumo de creatina a dosis estándar no produce daño renal medible por ningún marcador clínicamente relevante.
Los estudios de seguimiento más largos, algunos de hasta cinco años de consumo continuo, no han documentado ningún deterioro de la TFG, ningún aumento de la albuminuria ni ningún marcador de daño tubular en personas con riñones sanos. La International Society of Sports Nutrition ha concluido de forma oficial que la suplementación con creatina en dosis de tres a cinco gramos diarios es segura para los riñones en personas sanas y que la elevación de creatinina que produce no debe interpretarse como señal de daño renal sin evaluación de otros marcadores más específicos.
Quiénes sí deben tener precaución y qué controles son recomendables
La seguridad bien documentada de la creatina en personas sanas no se extiende de forma automática a personas con enfermedad renal preexistente. En personas con insuficiencia renal crónica, síndrome nefrótico o trasplante renal, la suplementación con creatina debe evaluarse caso por caso con el nefrólogo responsable, porque la mayor carga de creatinina que produce puede ser más difícil de manejar por un riñón con función reducida.
Para personas sanas que toman creatina y quieren asegurarse de que su función renal es correcta, la recomendación más práctica es solicitar a su médico una analítica que incluya TFG estimada con cistatina C, en lugar de interpretar la creatinina de forma aislada, y un análisis de orina con cociente albúmina/creatinina. Si la TFG está por encima de 90, la albuminuria es negativa y el sedimento urinario es normal, los riñones están perfectamente bien independientemente de lo que marque la creatinina sérica. La creatinina elevada en un deportista que toma creatina no es una señal de alarma: es el resultado esperado de un metabolismo muscular activo que produce más creatinina de lo que los rangos de referencia calculados en poblaciones sedentarias anticipaban.
Este artículo tiene una finalidad exclusivamente informativa y no sustituye la evaluación médica profesional. Las personas con antecedentes de enfermedad renal, diabetes o hipertensión deben consultar con su médico antes de iniciar la suplementación con creatina y realizar controles periódicos de la función renal con los marcadores adecuados.









