Las varices y la sensación de pesadez y cansancio en las piernas son las manifestaciones más características de la insuficiencia venosa crónica, una condición que afecta a millones de personas en España y que no depende exclusivamente de la genética. La insuficiencia venosa crónica consiste en la incapacidad de las venas para devolver la sangre al corazón de forma eficiente, lo que produce dilatación progresiva de los vasos y el conjunto de síntomas que muchas personas relacionan con el final de la jornada laboral o el verano.
Qué son las varices y por qué se forman
Las venas de las piernas tienen que trabajar contra la gravedad para devolver la sangre al corazón. Para hacerlo, disponen de válvulas internas que impiden el retroceso de la sangre. Cuando esas válvulas se debilitan o dejan de funcionar correctamente, la sangre se acumula en el interior de la vena, que se dilata de forma progresiva y se vuelve visible bajo la piel. El resultado es la variz, esa vena azulada, tortuosa y elevada que suele aparecer en la cara interna de la pantorrilla o el muslo.
La predisposición genética es el factor de riesgo más importante, pero no el único. Una revisión publicada en la revista Phlebology en 2023 sobre los factores de riesgo modificables de la insuficiencia venosa crónica confirmó que el sedentarismo prolongado, el sobrepeso, el embarazo repetido, la exposición al calor y las jornadas largas de pie o sentado son factores modificables que contribuyen de forma significativa al desarrollo y la progresión de las varices independientemente de la carga genética.

Los factores que aceleran su aparición y que sí se pueden cambiar
Aunque no se puede cambiar la genética, sí pueden modificarse los factores que aceleran el deterioro de las válvulas venosas y la dilatación de los vasos. Conocerlos permite actuar antes de que las varices se establezcan o de que las existentes progresen.
- El sobrepeso y el estreñimiento: ambos aumentan la presión abdominal, lo que dificulta el retorno venoso desde las piernas hacia el corazón. Una dieta rica en fibra, frutas, verduras y cereales integrales ayuda a prevenir el estreñimiento y a mantener un peso saludable, reduciendo esa presión de forma directa.
- La inmovilidad prolongada: permanecer sentado o de pie sin moverse durante largos períodos hace que la bomba muscular de la pantorrilla, que es el principal mecanismo activo que impulsa la sangre venosa hacia arriba, deje de funcionar. Si el trabajo obliga a estar sentado muchas horas, conviene levantarse y caminar unos minutos cada hora.
- El calor intenso: el calor produce vasodilatación, lo que facilita la acumulación de sangre en las venas de las piernas. Las saunas, la depilación con ceras calientes, tomar el sol durante horas y los baños muy calientes son hábitos que aceleran la dilatación venosa y agravan las varices existentes.
- La ropa ceñida: las prendas que comprimen el muslo o la ingle dificultan el retorno venoso y aumentan la presión dentro de las venas de las piernas.
Lo que el ejercicio puede y no puede hacer por las varices
La actividad física es uno de los pilares más eficaces para prevenir las varices porque activa la bomba muscular de la pantorrilla que impulsa la sangre hacia el corazón. Sin embargo, no todos los tipos de ejercicio tienen el mismo efecto en personas que ya tienen varices establecidas. Para entender mejor qué es la insuficiencia venosa crónica, cómo se clasifica y qué tratamientos médicos existen, conviene revisar también cuándo las varices requieren evaluación por un angiólogo o cirujano vascular.
- Ejercicios recomendados: la natación es el más beneficioso porque el efecto de compresión del agua sobre las piernas facilita el retorno venoso mientras los músculos trabajan activamente. La bicicleta y la caminata también son opciones de bajo impacto con beneficios documentados.
- Ejercicios que conviene limitar cuando ya hay varices: el running y los deportes de impacto pueden generar molestias en personas con venas ya dilatadas porque el impacto repetido aumenta transitoriamente la presión en el sistema venoso superficial.
- Ejercicios específicos para la bomba muscular: elevar y bajar los talones de pie, mover los tobillos en círculos, estirar y flexionar los pies mientras se está sentado. Son movimientos simples que pueden hacerse varias veces durante la jornada laboral y que mantienen activa la circulación venosa de retorno.

Hábitos de higiene vascular que producen alivio inmediato
Hay medidas sencillas que pueden reducir la sensación de pesadez, el cansancio y la hinchazón de piernas de forma perceptible en el mismo día en que se aplican.
- Ducha con agua fría en las piernas: preferible al baño caliente. Una ducha con agua tibia, no superior a los 38 grados, finalizada con agua fría en los gemelos en dirección ascendente, desde el tobillo hacia la rodilla, activa la vasoconstricción venosa y reduce la dilatación acumulada durante el día.
- Elevar las piernas al descansar: tumbarse con las piernas elevadas por encima del nivel del corazón durante 15 a 20 minutos facilita el drenaje venoso por gravedad y alivia de forma rápida la sensación de pesadez.
- Medias de compresión: las medias de compresión graduada, con mayor presión en el tobillo que va disminuyendo hacia la rodilla, son el tratamiento conservador con mayor evidencia para la insuficiencia venosa. Deben colocarse por la mañana antes de levantarse, cuando las venas están menos dilatadas.
- Evitar cruzar las piernas al sentarse: esa posición comprime las venas poplíteas detrás de la rodilla y dificulta el retorno venoso.
Cuándo las varices requieren evaluación médica
No todas las varices son iguales ni tienen el mismo nivel de urgencia. Las pequeñas arañas vasculares o telangiectasias son un problema estético que no suele tener consecuencias médicas significativas. Las varices de mayor calibre, especialmente si producen dolor, hinchazón persistente, sensación de calor, cambios en la piel como endurecimiento o pigmentación marrón alrededor del tobillo, o úlceras en la zona interna del maléolo, requieren evaluación por un angiólogo o un cirujano vascular para valorar el estadio de la insuficiencia venosa y las opciones de tratamiento.
Las opciones disponibles incluyen la escleroterapia para varices de pequeño calibre, el láser endovenoso, la radiofrecuencia y la cirugía convencional para los troncos varicosos más grandes. La elección del tratamiento depende del calibre y la localización de las varices, la presencia de reflujo venoso en la ecografía Doppler y el estado general del paciente. Ignorar las varices de mayor calibre con la esperanza de que se resuelvan solas no es una estrategia adecuada: la insuficiencia venosa crónica es una enfermedad progresiva que tiende a empeorar con el paso del tiempo si no se trata.
Este artículo tiene una finalidad exclusivamente informativa y no sustituye la evaluación médica profesional. Ante varices dolorosas, hinchazón persistente o cambios en la piel de las piernas, consulte con su médico o un especialista en cirugía vascular para recibir el diagnóstico y el tratamiento adecuados.









