Los pies que arden por la noche desesperan a quien los sufre. Esa sensación de calor y quemazón aparece justo al acostarse, cuando el cuerpo pide descanso, y puede impedir dormir. Muchas personas lo achacan a un problema de la piel o al calzado. Sin embargo, cuando no hay lesión visible, el origen suele estar en los nervios. Distinguir una causa de otra ayuda a buscar el tratamiento adecuado y a detectar problemas de fondo.
¿Por qué arden los pies por la noche?

El ardor en los pies se debe casi siempre a una alteración de las fibras nerviosas más finas, las que transmiten la sensación de temperatura y dolor. Cuando se dañan, envían señales erróneas al cerebro.
El resultado es esa quemazón sin fuego real. Empeora de noche porque hay menos estímulos que distraigan la atención y el cuerpo se calienta bajo las sábanas. Es un patrón muy característico de la neuropatía.
¿Qué dice la ciencia sobre estas quemazones?
Los neurólogos han buscado qué se esconde detrás de esta neuropatía de fibra fina. Los resultados muestran que en muchos casos existe una causa identificable y tratable.
Según un estudio publicado en la revista European Journal of Neurology en 2018, con 921 pacientes, se halló una causa subyacente en el 47% de los casos de neuropatía de fibra fina. Las más frecuentes fueron enfermedades autoinmunes, mutaciones genéticas, diabetes o intolerancia a la glucosa, y déficit de vitamina B12.
¿Cómo saber si el problema está en la piel?

La piel también puede arder, pero deja huellas visibles. Si hay enrojecimiento, descamación, grietas entre los dedos o mal olor, la causa suele ser un hongo o una dermatitis. Ahí el picor manda más que la quemazón.
Estas son las pistas de un origen cutáneo:
- Enrojecimiento, descamación o grietas visibles.
- Picor intenso más que quemazón profunda.
- Mal olor o humedad entre los dedos.
- Empeora con el calzado cerrado y la sudoración.
- Mejora con cremas o antifúngicos para hongos en la piel.
¿Qué señales apuntan a los nervios?
El ardor neuropático es distinto. La piel se ve normal, sin lesiones, y la sensación es profunda, como si viniera de dentro. Suele acompañarse de hormigueo o entumecimiento y empeora en reposo.
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Estas son las señales de origen nervioso:
- La piel tiene aspecto normal, sin lesiones.
- Quemazón simétrica en ambos pies, empezando por los dedos.
- Hormigueo o sensación de calcetín invisible.
- Empeora por la noche y en reposo, no con el movimiento.
- Puede haber pérdida de sensibilidad al tacto.
¿Qué causas conviene descartar?
Cuando el origen es nervioso, hay que buscar la razón. La diabetes es la causa más frecuente, incluso en fase de prediabetes, porque el exceso de glucosa daña las fibras finas.
Otras causas son reversibles si se detectan a tiempo. El déficit de vitaminas del complejo B, sobre todo la B12, el hipotiroidismo y el consumo excesivo de alcohol figuran entre las más habituales. Un análisis de sangre las descarta.
Lo que conviene recordar sobre los pies que arden
Cuando los pies arden de noche y la piel se ve normal, sin descamación ni enrojecimiento, el problema suele estar en las fibras nerviosas y no en la superficie. Detrás puede haber una diabetes aún sin diagnosticar, un déficit de vitamina B12 o un problema de tiroides, causas que un simple análisis revela y que a menudo se pueden corregir. Ante un ardor persistente conviene consultar en lugar de probar cremas sin diagnóstico.
Este contenido tiene finalidad informativa y no sustituye la evaluación de un médico. Si notas ardor o pérdida de sensibilidad en los pies, consulta con un profesional de la salud.









