El café es una de las bebidas más estudiadas cuando se habla de salud del hígado. Muchas personas con hígado graso se preguntan si tomarlo ayuda o perjudica. Un estudio reciente analizó justamente qué ocurre con las enzimas hepáticas, los valores que reflejan cómo está funcionando el hígado. Los resultados invitan a mirar el tema con matices.
¿Qué relación hay entre el café y el hígado?

Desde hace años, varios estudios de observación relacionan el consumo de café de forma regular con un menor riesgo de que el hígado graso avance hacia formas más serias, como la fibrosis. También se ha asociado con niveles más bajos de enzimas hepáticas en algunos grupos.
Estas observaciones generaron mucho interés, pero conviene recordar que asociación no siempre significa causa. Que dos cosas aparezcan juntas no prueba que una provoque la otra.
¿Qué investigó el estudio reciente sobre las enzimas hepáticas?
Para poner a prueba esa idea, se analizaron ensayos clínicos, que son más rigurosos que los estudios de observación. Según la revista científica Nutrition Research, en 2022, una revisión de ensayos clínicos concluyó que el café no cambió de forma significativa las enzimas hepáticas, aunque sí aumentó la adiponectina, una hormona relacionada con un mejor metabolismo.
En otras palabras, el café no bajó directamente valores como la ALT o la AST, pero mostró un posible efecto beneficioso por otra vía.
¿Significa esto que protege el hígado?
La respuesta honesta es: puede ayudar, pero no está demostrado que lo cure ni que arregle las enzimas. Los estudios de observación son más optimistas que los ensayos controlados, y por eso la evidencia todavía es mixta.
Lo que sí parece claro es que el café, sin exceso, no daña el hígado sano y podría formar parte de un estilo de vida saludable. Pero no modifica por sí solo el curso del hígado graso, y su beneficio se pierde si se toma cargado de azúcar o crema.
¿Puede sustituir el tratamiento del hígado graso?
No. El café puede acompañar, pero no reemplaza lo que de verdad mejora el hígado graso. Las medidas con mayor respaldo son:
- Perder peso de forma gradual cuando hay sobrepeso.
- Seguir una alimentación equilibrada, como se explica en la dieta para el hígado graso.
- Hacer actividad física con regularidad.
- Controlar el azúcar en la sangre, el colesterol y el alcohol.
Estos cambios actúan sobre las causas del hígado graso, algo que el café por sí solo no logra.
¿Cuánto conviene tomar y quién debe tener cuidado?

Si se disfruta el café, algunas pautas ayudan a que sume y no reste:
- Tomarlo preferiblemente sin azúcar ni exceso de crema o siropes.
- Consumirlo con moderación, sin convertirlo en la única fuente de líquidos del día.
- Tener cautela si hay embarazo, insomnio, ansiedad, hipertensión o sensibilidad a la cafeína.
- Consultar al médico si se toman medicamentos que interactúen con la cafeína.
Cada persona tolera la cafeína de forma distinta, así que conviene ajustar la cantidad al propio cuerpo.
El café, un aliado posible pero no un remedio
El café puede formar parte de una rutina que cuida el hígado, y la ciencia sigue explorando sus efectos. Pero, según la evidencia actual, no baja por sí solo las enzimas hepáticas ni cura el hígado graso. El verdadero cambio está en los hábitos diarios, y el café, sin azúcar y con moderación, puede ser un complemento agradable.
Este contenido tiene una finalidad únicamente informativa y no sustituye la orientación de un profesional de la salud. Para evaluar el hígado o adaptar la dieta, especialmente si hay hígado graso, lo más recomendable es consultar a un médico.








