Hepatitis D: síntomas, diagnóstico y tratamiento

Actualizado en enero 2024

La hepatitis D es una infección causada por el virus de la hepatitis D (VHD), el cual provoca inflamación del hígado y síntomas como fiebre, náuseas, vómitos, dolor abdominal y piel y ojos amarillentos.

Este tipo de hepatitis por lo general afecta personas que tienen hepatitis B, pues el virus de la hepatitis D emplea el antígeno de superficie de la hepatitis B (HBsAg) para multiplicarse e infectar las células del hígado. Conozca más sobre la hepatitis B.

El tratamiento de la hepatitis D, también conocida como hepatitis delta, es llevado a cabo por el hepatólogo o infectólogo y varía según la gravedad de la infección, pudiendo ser indicado el uso de medicamentos o la realización de un trasplante de hígado.

Imagem ilustrativa número 1

Síntomas de hepatitis D

Los principales síntomas de hepatitis D son:

  • Fiebre;
  • Dolor abdominal;
  • Náuseas y vómitos;
  • Piel y ojos amarillentos;
  • Orina oscura y heces claras;
  • Hematomas o sangrado fácil;
  • Confusión mental.

Así como las otras hepatitis, la hepatitis D puede que no presente síntomas iniciales; sin embargo, los síntomas pueden surgir alrededor de 2 a 7 semanas después de la infección inicial, en el caso de hepatitis aguda, debido a los daños causados por el virus en el hígado. 

Lea también: 10 tipos de hepatitis: síntomas, transmisión y qué hacer tuasaude.com/es/tipos-de-hepatitis

Es importante consultar el hepatólogo, infectólogo o médico general siempre que surjan síntomas de hepatitis D, para que sea diagnosticada e iniciado el tratamiento más adecuado.

Test online de síntomas

Para saber el riesgo de tener hepatitis D, seleccione en el siguiente test los síntomas que puede estar sintiendo:

  1. 1. Dolor en la región superior derecha del abdomen
  2. 2. Color amarillento en los ojos o en la piel
  3. 3. Heces amarillentas, grisáceas o blanquecinas
  4. 4. Orina oscura
  5. 5. Fiebre baja constante
  6. 6. Dolor en las articulaciones
  7. 7. Pérdida del apetito
  8. 8. Náuseas o mareos frecuentes
  9. 9. Cansancio fácil y sin razón aparente
  10. 10. Abdomen hinchado

El test de síntomas es solo una herramienta de orientación, por lo que no sirve como diagnóstico ni sustituye la consulta con el hepatólogo, infectólogo o médico general. 

Cómo confirmar el diagnóstico

El diagnóstico de la hepatitis D es realizado por el hepatólogo, infectólogo o médico general a través de la evaluación de los síntomas, los antecedentes de infección por hepatitis D y los antecedentes generales de salud y la realización de un examen físico.

Asimismo, el médico debe solicitar exámenes como inmunoglobulina G (IgG) e inmunoglobulina M (IgM) anti-VHD, que normalmente poseen niveles elevados, además de exámenes que evalúen la salud hepática. Vea los principales exámenes que evalúan el hígado.  

Para confirmar el diagnóstico, el médico también puede solicitar un examen de RT-PCR, el cual evalúa la presencia de ARN del virus de la hepatitis D en la sangre. 

Cómo es la transmisión

La transmisión del virus de la hepatitis D ocurre de las siguientes formas:

  • Contacto directo con sangre y secreciones de una persona infectada;
  • Relaciones sexuales sin protección con una persona infectada;
  • Intercambio de objetos de higiene personal, como láminas de afeitar o depilar e instrumentos de manicura o pedicura;
  • Material contaminado con sangre o secreciones, como agujas, instrumentos empleados para hacer tatuajes, acupuntura, piercings o procedimientos médico u odontológicos;
  • Transfusión de sangre antes del año 1993, pues en este período aún no eran realizadas las pruebas de sangre para el virus de la hepatitis D.

Asimismo, pese a que es más raro, el virus de la hepatitis D puede ser transmitido al bebé durante el parto. 

¿Por qué la hepatitis D requiere de la B?

La hepatitis D necesita de la hepatitis B debido a que usa su antígeno de superficie HBsAg para poder multiplicarse e infectar las células del hígado.

Por esta razón, la hepatitis D puede ocurrir en personas con hepatitis B.

Cómo es realizado el tratamiento

El tratamiento de la hepatitis D debe ser llevado a cabo bajo la orientación del hepatólogo, infectólogo o médico general, el cual puede indicar el uso de medicamentos como interferón alfa, 1 vez a la semana, durante al menos 1 año.

Este medicamento tiene como objetivo impedir la multiplicación del virus y evitar los daños en el hígado.

En caso de que la infección evolucione y cause cirrosis hepática, el médico puede indicar la realización de un trasplante de hígado. Conozca cómo es realizado el trasplante de hígado.  

¿La hepatitis D tiene cura?

La hepatitis D no tiene cura, pues no existen medicamentos que sean capaces de eliminar este virus, solo aquellos que sirven para controlar su multiplicación. 

Cómo evitar el contagio de hepatitis D

Para prevenir la hepatitis D, se recomienda lo siguiente:

  • Tomar la vacuna de la hepatitis B, pues la infección por el virus de la hepatitis D está asociada a la infección por el virus de la hepatitis B;
  • Usar preservativo en todas las relaciones sexuales;
  • No intercambiar agujas ni jeringas;
  • No intercambiar objetos personales, como láminas de afeitar o depilar, cepillo de dientes o instrumentos de manicura o pedicura, como cortacutículas, por ejemplo.

En caso de hacerse un tatuaje, piercing, acupuntura o procedimientos médicos u odontológicos, debe certificarse que todos los materiales están correctamente esterilizados y que las agujas y jeringas son desechables.