Callos: qué son, tipos, por qué salen y cómo quitar

Los callos son lesiones pequeñas y profundas de la piel que aparecen como un engrosamiento localizado con un centro duro formado por queratina rodeado de piel inflamada, y se desarrollan como respuesta del cuerpo a la fricción, el roce o la presión repetida, especialmente en zonas sometidas a estrés continuo, lo que puede causar dolor al caminar o al presionarlos.

Existen diferentes tipos de callos según su ubicación y características, como los callos duros, blandos o interdigitales, y pueden aparecer en los pies o en las manos, asociándose en algunos casos a infecciones, alteraciones estructurales o factores virales.

El tratamiento se basa en eliminar la fricción o presión que los causa, junto con cuidados como remojos, exfoliación suave, uso de protectores, calzado adecuado y productos que ayudan a reducir la queratina; sin embargo, se recomienda siempre acudir a un podólogo o dermatólogo para tratarlos, lo que disminuye el riesgo de complicaciones.

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Callos en los pies
Callo duro en el dedo meñique

Diferentes tipos

Los diferentes tipos de callos varían según su ubicación, textura y la estructura de los tejidos afectados.

1. Callos duros

Los callos duros, medicamente conocidos como heloma durum, son los más frecuentes y suelen formarse en las partes superiores y laterales de los dedos de los pies, especialmente en el borde externo del dedo meñique o sobre las articulaciones de los dedos menores.

Se presentan como lesiones secas y ásperas, con un centro duro y blanquecino formado por un núcleo de queratina rodeado de piel inflamada, y pueden causar dolor al estar de pie o al caminar.

2. Callos blandos

Los callos blandos o interdigitales, medicamente conocido como heloma molle, aparecen entre los dedos de los pies, sobre todo en el cuarto espacio interdigital.

Tienen una textura blanda y macerada debido a la humedad entre los dedos y suelen ser muy dolorosos, además de ser más propensos a complicaciones como infecciones bacterianas, fúngicas o úlceras.

3. Callos en semilla

Los callos en semilla, medicamente conocidos como queratosis punctata, se localizan principalmente en la planta de los pies, en zonas que no soportan peso directo, aunque también pueden aparecer en las manos.

Se caracterizan por múltiples pequeños tapones de queratina y, en general, no causan dolor, pudiendo estar relacionados con un componente genético.

4. Callos neurovasculares

Los callos neurovasculares o neurofibrosos son lesiones que contienen vasos sanguíneos, nervios y tejido cicatricial en su estructura, lo que provoca un dolor agudo y muy intenso.

Aunque antes se creía que este dolor se debía a nervios atrapados en el tejido engrosado, investigaciones más recientes sugieren que muchas de estas lesiones contienen material viral, lo que podría explicar su elevada sensibilidad.

5. Callos ulserados

Los callos ulcerados se caracterizan por la presencia de una herida abierta o úlcera debajo de la piel endurecida.

Suelen desarrollarse a partir de los callos blandos o interdigitales, debido a la humedad y la maceración entre los dedos, lo que facilita la aparición de infecciones.

Este tipo de callos son especialmente delicados en personas con diabetes o neuropatía periférica, ya que la falta de sensibilidad puede hacer que la lesión avance sin ser percibida.

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6. Callos de origen viral

Los callos de origen viral pueden parecer callos plantares comunes, pero en realidad son verrugas que se forman cuando el virus del papiloma humano entra a través de pequeñas lesiones en la piel causadas por la presión o la fricción.

Con el tiempo, la presión constante del peso al caminar favorece el engrosamiento de la piel, lo que hace que la lesión tenga el aspecto de un callo, aunque su origen sea viral.

Por qué salen

Las principales causas por las que salen callos incluyen:

  • Calzado inadecuado como zapatos muy apretados, muy holgados o con tacón alto que generan presión o roce continuo, así como el uso de calzado desgastado o restrictivo;
  • Ausencia de calcetines o mala elección como usar zapatos cerrados o sandalias sin calcetines, o calcetines que no ajustan bien, lo que favorece la fricción directa sobre la piel;
  • Actividades repetitivas como el deporte, el uso de herramientas o instrumentos musicales que provocan presión constante en manos o pies;
  • Alteraciones en la forma del pie como dedos en martillo, juanetes o pies planos que cambian la distribución del peso y crean puntos de presión anormales;
  • Pérdida de la almohadilla grasa del pie frecuente con la edad, que reduce la protección natural y aumenta la presión sobre la piel;
  • Enfermedades articulares como la artritis reumatoide que puede generar cambios en la estructura del pie y favorecer zonas de presión;
  • Factores genéticos en algunos casos predisponen a desarrollar ciertos tipos de callos en zonas específicas.

Además, en algunos casos los factores genéticos pueden predisponer al desarrollo de ciertos tipos de callos en zonas específicas.

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Diferencia entre callos y callosidades

Aunque los callos y las callosidades son engrosamientos de la piel que aparecen como respuesta a la fricción o la presión repetida, no son lo mismo. Las principales diferencias son:

Característica

Callos

Callosidades

Estructura

Tienen un centro duro (núcleo cónico de queratina)

No tienen núcleo central

Tamaño

Pequeños, profundos y bien delimitados

Más grandes, de base ancha y difusas

Dolor

Suelen ser dolorosos al caminar o al presionarlos

Rara vez causan dolor

Piel alrededor

A menudo presentan la piel inflamada

No suelen presentar inflamación marcada

Ubicación

Zonas que no soportan peso directo (dedos de los pies y entre ellos)

Zonas de mayor presión o apoyo (talones, planta del pie, manos y rodillas)

Cómo quitar 

El tratamiento principal para quitar los callos y las callosidades consiste en:

  • Eliminar la fuente de fricción o presión que los origina, ya que cuando se evita el roce continuo y se utiliza calzado cómodo, en personas sanas estas lesiones pueden desaparecer con el tiempo.
  • Cuidados en casa, como remojar la zona en agua tibia durante 10 a 20 minutos para ablandar la piel y luego exfoliar suavemente con una piedra pómez o lima de cartón, repitiendo de forma regular
  • Uso de protectores como parches de fieltro, almohadillas de silicona, separadores de dedos o lana de oveja para reducir el roce
  • Calzado adecuado y plantillas que ayuden a redistribuir la presión y eviten la fricción continua
  • Uso de guantes acolchados o recubrimiento de herramientas para disminuir la presión
  • Aplicación de de geles, cremas o parches con ácido salicílico o urea, que ayudan a disolver la queratina
  • Utilización de apósitos especiales que rehidratan la piel, facilitan la eliminación del tejido duro y alivian el dolor

En los casos más persistentes o cuando existen deformidades óseas, pueden ser necesarias terapias avanzadas o incluso cirugía.

Además, es importante evitar el uso de herramientas afiladas como cuchillas o cortacallos para retirarlos, ya que pueden causar lesiones.

También es fundamental tener en cuenta que las personas con diabetes, mala circulación o neuropatía periférica no deben tratar los callos por su cuenta, ya que incluso lesiones pequeñas pueden complicarse y deben ser evaluadas por un profesional de la salud, como podólogo o dermatólogo.

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