Ansiedad en niños: qué es, síntomas y cómo ayudarlo

La ansiedad en los niños es una reacción normal frente al estrés o a situaciones que perciben como peligrosas, conocida como la respuesta de “lucha o huida”, que ayuda al niño a mantenerse alerta y a enfrentar desafíos, y cuando es temporal y proporcional a lo que ocurre forma parte de su desarrollo emocional.

Se considera un trastorno cuando los síntomas son desproporcionados en relación con la situación, persisten durante al menos 4 semanas o hasta 6 meses y afectan de manera significativa la vida diaria, dificultando la asistencia a la escuela, las relaciones con otros niños o familiares y la realización de actividades cotidianas, además de provocar un malestar constante que no desaparece por sí solo.

Los síntomas de la ansiedad se manifiestan en el cuerpo, la mente y la conducta, pudiendo incluir dolores de estómago o de cabeza, temblores, tensión muscular, palpitaciones y problemas para dormir, así como preocupación constante, temor a equivocarse o necesidad continua de seguridad y conductas como evitar situaciones, llorar, tener rabietas, quedarse paralizado o buscar aferrarse a los padres.

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Niña con ansiedad

Principales síntomas

Aunque sentir ansiedad es una reacción normal en ciertas situaciones, se considera un problema cuando las preocupaciones son intensas, persistentes y dificultan actividades como la escuela, el descanso o las relaciones sociales.

Los niños de entre 5 y 12 años con ansiedad pueden presentar una combinación de síntomas físicos, emocionales y cambios en el comportamiento que afectan su vida diaria.

1. Síntomas físicos

Los síntomas físicos frecuentes en niños con ansiedad incluyen:

  • Dolor de estómago y náuseas;
  • Dolores de cabeza sin causa aparente;
  • Alteraciones del sueño, como dificultad para dormir, despertares nocturnos o pesadillas;
  • Tensión muscular;
  • Inquietud.

Además, los niños pueden presentar temblores, sudoración, palpitaciones, sensación de falta de aire o mareos.

2. Síntomas emocionales y cognitivo

La ansiedad se manifiesta como preocupación excesiva y constante, pensamientos negativos repetitivos o miedo a que ocurra algo malo.

Los niños pueden necesitar reafirmación continua, mostrarse más irritables de lo habitual o tener dificultades para concentrarse.

En muchos casos, el miedo es desproporcionado en relación con la situación real.

3. Sintomas conductuales 

En los niños con ansiedad, los signos conductuales se manifiestan principalmente como evitación, por ejemplo negarse a ir a la escuela o a hablar con otras personas.

También pueden presentarse llanto, berrinches o rabietas, así como quedarse paralizados ante situaciones que generan miedo.

Además, es común el apego excesivo a los padres o cuidadores, buscando su cercanía constante para sentirse seguros, lo que refleja la dificultad del niño para enfrentar situaciones que le provocan ansiedad.

Posibles causas 

La ansiedad no tiene una causa única y puede estar influida por diversos factores, incluyendo:

  • Factores biológicos y genéticos, como desequilibrios en neurotransmisores como serotonina y noradrenalina, la timidez, afectividad negativa;
  • Factores ambientales y eventos de vida como el trauma, el estrés, enfermedades graves, la pérdida de un ser querido o condiciones socioeconómicas;
  • Factores familiares como la sobreprotección, el control excesivo o un apego disfuncional.

Es fundamental diferenciar la ansiedad primaria de la inducida por causas médicas o sustancias, ya que enfermedades como hipertiroidismo, asma, diabetes, arritmias o feocromocitoma, así como el consumo de cafeína, estimulantes, esteroides o la abstinencia de ciertas sustancias, pueden generar síntomas de ansiedad.

Cómo ayudar al niño a controlar la ansiedad

Durante una crisis de ansiedad, el apoyo de padres y cuidadores es fundamental, aunque incluso con buenas intenciones pueden cometerse conductas que intensifiquen el malestar del niño.

Por este motivo, cuando la ansiedad es intensa o persistente, es recomendable buscar la orientación de un psicólogo.

Aun así, existen algunas estrategias que pueden ayudar a manejar la ansiedad infantil.

1. No tratar de evitar los miedos del niño

Los niños con ansiedad suelen presentar miedos como salir a la calle, ir a la escuela o hablar con otras personas. Evitar estas situaciones no ayuda a superar los temores, ya que refuerza la idea de que hay razones para tener miedo y limita el desarrollo de estrategias para enfrentarlos.

Tampoco se debe obligar al niño a enfrentarlos, pues la presión excesiva puede empeorar la ansiedad. Lo recomendable es manejar estas situaciones con naturalidad y mostrarle que es posible superar el miedo poco a poco.

2. Dar valor a lo que siente el niño 

Lo recomendable es primero hablar con el niño sobre lo que siente, mostrando apoyo y disposición para ayudarlo, de manera que se sienta comprendido y protegido.

Intentar minimizar su miedo con frases como “no tienes por qué preocuparte” puede hacer que perciba sus emociones como inválidas y afectar su confianza.

3. Intentar disminuir el período de ansiedad

Otra forma de ayudar al niño a manejar la ansiedad es mostrarle que se trata de un sentimiento temporal que desaparece, incluso cuando parece no tener solución.

Por ello, los padres y cuidadores deben intentar reducir el tiempo que el niño pasa ansioso antes de enfrentar una actividad.

Por ejemplo, si el niño tiene miedo de ir al dentista, es recomendable informarle solo una o dos horas antes de la cita, evitando que permanezca con la preocupación durante mucho tiempo

4. Explorar la situación que causa la ansiedad

Permitir que el niño explore lo que siente y analice la situación de manera racional ayuda a reducir la ansiedad. Por ejemplo, si teme ir al dentista, se le puede explicar qué ocurrirá y la importancia de la visita.

Además, si el niño se siente cómodo, se le puede preguntar cuál sería el peor escenario y ayudarlo a elaborar un plan para afrontarlo.

La evidencia indica que cuando los niños perciben tener un plan ante el peor escenario, su nivel de ansiedad disminuye y aumentan la confianza y la capacidad de enfrentar sus miedos.

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5. Practicar actividades relajantes con el niño

Enseñar al niño a realizar actividades relajantes puede ayudarlo a regular su ansiedad, especialmente cuando se encuentra solo.

Estas técnicas le permiten desviar la atención de los miedos y recuperar sensación de control sobre sus emociones.

Una estrategia básica es la respiración profunda: inhalar durante tres segundos y exhalar otros tres, repitiendo varias veces hasta sentirse más tranquilo.

Además, pueden emplearse actividades que requieran concentración o atención, como contar objetos, observar detalles a su alrededor o escuchar música, lo que ayuda a distraer la mente y a disminuir la intensidad de la ansiedad.

Con práctica constante, estas técnicas pueden darle herramientas para manejar mejor sus emociones en diferentes situaciones.

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