4 tratamientos de la balanitis (y otros cuidados)

El tratamiento de la balanitis depende de la causa y puede incluir el uso de antifúngicos, antibióticos o corticoides, además de cuidados de higiene y, en algunos casos, cirugía como la circuncisión. Estas medidas ayudan a reducir la inflamación del glande y del prepucio, aliviar los síntomas y prevenir que la infección se repita.

La balanitis puede tener origen infeccioso, por hongos o bacterias, o no infeccioso, como ocurre en irritaciones o enfermedades dermatológicas. Por eso, el tratamiento siempre debe orientarse según la causa identificada por el médico, ya que cada tipo requiere un abordaje diferente.

En la mayoría de los casos, los síntomas mejoran con medidas simples y cremas tópicas, pero cuando la inflamación persiste o reaparece con frecuencia, es necesario acudir al urólogo o dermatólogo para evaluar el tratamiento más adecuado y evitar complicaciones.

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Principales tratamientos

El tratamiento de la balanitis debe ser indicado por el urólogo, variando según su origen, que puede ser infeccioso o inflamatorio, como se indica a continuación:

1. Antifúngicos 

El uso de antifúngicos es el tratamiento más común de la balanitis, ya que la infección por Candida albicans es una de las causas principales. Los medicamentos más indicados son cremas tópicas con clotrimazol o miconazol, aplicadas de una a tres veces al día durante 1 a 3 semanas.

En algunos casos, se puede utilizar itraconazol oral en dosis única de 400 mg o fluconazol 150 mg, especialmente cuando hay recurrencias o la inflamación es extensa. Estos tratamientos eliminan el hongo, alivian el picor y reducen el enrojecimiento. Deben indicarse por un médico para evitar resistencia o efectos secundarios.

2. Antibióticos

Los antibióticos se utilizan en el tratamiento de la balanitis cuando la inflamación es causada por bacterias. Pueden aplicarse en crema o tomarse por vía oral, dependiendo de la severidad del cuadro.

Las opciones más usadas incluyen mupirocina tópica o antibióticos orales como amoxicilina-clavulánico o azitromicina, indicados según el resultado del cultivo o la valoración médica. Este tipo de tratamiento ayuda a eliminar la infección, reducir la secreción purulenta y evitar que la inflamación se extienda.

3. Corticoides tópicos

Los corticoides se emplean en el tratamiento de la balanitis cuando la inflamación no es infecciosa, como en casos de dermatitis, alergias o enfermedades de la piel como el liquen escleroso. 

Generalmente se utilizan cremas con hidrocortisona o clobetasol en ciclos cortos, bajo indicación médica. En casos crónicos o recurrentes, puede combinarse con antifúngicos o antibióticos si existe infección secundaria.

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4. Cirugía

La circuncisión es una opción de tratamiento para la balanitis cuando la inflamación es recurrente, crónica o se asocia a fimosis que impide una limpieza adecuada. Este procedimiento elimina el exceso de prepucio, reduce la humedad local y previene futuras infecciones.

La cirugía suele recomendarse cuando los tratamientos tópicos no son suficientes o cuando el tejido presenta lesiones persistentes. Su eficacia a largo plazo está bien documentada, especialmente en balanitis de repetición o por liquen escleroso.

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Cuidados generales en el tratamiento

Los cuidados básicos ayudan a mejorar los síntomas y favorecen el éxito del tratamiento de la balanitis:

  • Mantener una higiene suave del glande y el prepucio, evitando jabones perfumados o irritantes.
  • Secar bien la zona después del baño, especialmente en hombres no circuncidados.
  • Evitar productos químicos, preservativos con lubricantes perfumados o ropa interior muy ajustada.
  • Controlar enfermedades como la diabetes, que aumentan el riesgo de infección.

Estos cuidados reducen la inflamación, previenen recaídas y potencian la eficacia del tratamiento específico. Las guías europeas recomiendan mantener la higiene como base de cualquier tratamiento de la balanitis.

Precauciones, riesgos y cuándo acudir al médico

El tratamiento de la balanitis debe ser siempre supervisado por un profesional de la salud. Cuando los síntomas no mejoran en 2 a 4 semanas, puede ser necesario realizar una biopsia para descartar lesiones premalignas, como eritroplasia de Queyrat o carcinoma de pene.

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En hombres con diabetes, inmunosupresión o antecedentes de infecciones repetidas, el seguimiento médico es fundamental, ya que presentan mayor riesgo de complicaciones como fimosis o estenosis del prepucio. Ante dolor intenso, sangrado o úlceras, se recomienda acudir de inmediato al urólogo o dermatólogo.