En los últimos meses, los titulares sobre Ozempic y el cáncer se han multiplicado a ambos lados del debate: primero alertando de un posible riesgo, luego prometiendo una reducción significativa de la enfermedad. Ninguna de las dos posiciones refleja con precisión lo que la evidencia científica disponible permite afirmar hoy. Lo que existe son señales prometedoras, pero también importantes sesgos metodológicos que obligan a leer los datos con más cautela de la que suelen mostrar los medios.
¿Qué son los fármacos GLP-1 y por qué se investiga su relación con el cáncer?
Los agonistas del receptor GLP-1, entre los que se encuentran la semaglutida (Ozempic, Wegovy) y la tirzepatida, fueron desarrollados para el control de la diabetes tipo 2 y la obesidad. Su mecanismo de acción mejora la secreción de insulina, reduce el apetito y produce pérdida de peso sostenida. El interés por su posible efecto sobre el cáncer surge de una premisa razonable: la obesidad es un factor de riesgo reconocido para al menos 13 tipos de cáncer, de modo que un fármaco que reduce el peso y mejora el metabolismo podría, en teoría, reducir también ese riesgo.
Un estudio observacional publicado en JAMA Oncology en 2025, con más de 86.000 adultos con obesidad sin antecedentes de cáncer, encontró que los usuarios de fármacos GLP-1 presentaban un 17% menos de riesgo global de desarrollar cáncer en comparación con no usuarios emparejados por características similares. Las reducciones más claras se observaron en cánceres endometriales, ováricos y un tipo de tumor cerebral llamado meningioma.

Por qué estos resultados son difíciles de interpretar
El propio diseño de los estudios disponibles introduce tres problemas sistemáticos que hacen que los resultados sean más fáciles de malinterpretar que de aplicar. El primero es el sesgo del usuario sano: las personas que acceden a Ozempic tienden a ser más sanas, tener mejor cobertura sanitaria y acudir con más regularidad al médico. Esas ventajas previas, y no el fármaco, pueden ser las que reducen el riesgo de cáncer.
El segundo problema es la elección del grupo de comparación. Cuando los usuarios de GLP-1 se comparan con pacientes tratados con insulina, la reducción de riesgo parece notable, porque la insulina se reserva para diabetes más avanzadas, una condición que ya eleva el riesgo oncológico de partida. Cuando la comparación se hace con metformina, un medicamento usado en fases más similares de la enfermedad, la reducción de riesgo desaparece. El beneficio puede venir del comparador elegido, no del fármaco.
El tercero es el tiempo. El cáncer puede tardar décadas en desarrollarse, pero la mayoría de los estudios sobre GLP-1 siguen a los pacientes solo dos o tres años. Cuando la reducción de riesgo aparece en los primeros meses de tratamiento, esa rapidez no es un logro farmacológico: es una señal de que el grupo tratado ya tenía menor riesgo antes de empezar. Para entender mejor qué factores de riesgo están realmente relacionados con el desarrollo del cáncer, conviene distinguir entre asociaciones estadísticas y causalidad demostrada.
¿Los fármacos GLP-1 aumentan el riesgo de cáncer?
La preocupación inicial apuntaba en sentido contrario: los estudios en roedores encontraron que la semaglutida producía tumores en células C del tiroides. Ese hallazgo motivó una advertencia en el prospecto del medicamento. Sin embargo, los roedores no son personas. Las células C del tiroides humanas tienen muchos menos receptores GLP-1 que las de los roedores, y los estudios en primates no replicaron el mismo efecto.
Una revisión sistemática publicada en el International Journal of Molecular Sciences en 2024, que analizó diez ensayos clínicos con más de 14.000 participantes, concluyó que la incidencia de cáncer de tiroides en pacientes tratados con semaglutida fue inferior al 1%, sin diferencias significativas respecto al placebo. Las autoridades reguladoras europeas alcanzaron la misma conclusión en 2023 tras revisar los datos disponibles. En cuanto al cáncer de páncreas, un metaanálisis de 2025 que agrupó datos de 62 estudios tampoco encontró un aumento consistente del riesgo.

Qué dicen los ensayos clínicos aleatorizados
Los ensayos clínicos aleatorizados son el diseño más fiable porque distribuyen al azar a los participantes entre el grupo tratado y el de control, eliminando los sesgos de selección que afectan a los estudios observacionales. En este caso, los datos disponibles cuentan una historia más modesta que los titulares.
- Dos metaanálisis publicados en 2025, que agruparon datos de 50 y 48 ensayos respectivamente, no encontraron evidencia de que los fármacos GLP-1 aumenten ni reduzcan el riesgo global de cáncer.
- Los ensayos incluidos en esos análisis tenían un seguimiento medio de uno a dos años, insuficiente para detectar efectos sobre una enfermedad que se desarrolla en décadas.
- El número de casos de cáncer registrados en esos ensayos fue demasiado bajo para extraer conclusiones estadísticamente sólidas.
Lo que la evidencia permite afirmar hoy
La conclusión más sólida que los datos actuales permiten sostener es también la más tranquilizadora: los fármacos GLP-1 no parecen aumentar el riesgo global de cáncer en humanos, a pesar de las señales iniciales en modelos animales. La afirmación más ambiciosa, que estos medicamentos previenen activamente el cáncer o mejoran la supervivencia tras el diagnóstico, sigue siendo una hipótesis sin confirmar.
Si los GLP-1 tienen algún efecto real sobre el cáncer, los investigadores todavía no saben de dónde vendría: si de la pérdida de peso en sí misma, de la mejora metabólica general, de un efecto directo sobre la inflamación o sobre el sistema inmunitario. Hasta que ensayos clínicos aleatorizados diseñados específicamente para responder esa pregunta, con decenas de miles de participantes y seguimientos de varios años, ofrezcan datos definitivos, cualquier conclusión sobre Ozempic y el cáncer merece leerse con cautela y sin titulares que vayan por delante de la evidencia.
Este artículo tiene una finalidad exclusivamente informativa y no sustituye la evaluación médica profesional. Las decisiones sobre el uso de fármacos GLP-1 deben tomarse siempre con un médico, considerando el perfil de salud individual de cada paciente.









