El ikigai es una palabra japonesa que puede traducirse como «razón de ser». Designa aquello por lo que te levantas cada mañana con ganas. En las consultas de geriatría se repite una observación: los pacientes mayores con un propósito de vida claro suelen conservar mejor su autonomía, su estado de ánimo y su salud física. La investigación empieza a explicar por qué, y una de las pistas lleva al sistema inmunitario.
¿Qué es el ikigai y por qué interesa a los geriatras?
El término se usa en todo Japón. En Occidente se popularizó por su relación con Okinawa, una región con muchas personas centenarias. El ikigai no exige grandes metas. Para una persona mayor puede ser cuidar el huerto, enseñar a cocinar a los nietos o colaborar con una asociación del barrio. Lo importante es sentir que lo que haces tiene valor para ti y para otras personas.
A los geriatras les interesa porque el propósito es un factor modificable. La genética no se puede cambiar, pero las rutinas, las ilusiones y los vínculos sí. Además, se puede explorar en consulta con preguntas sencillas dentro de la valoración geriátrica integral, la evaluación que mide la funcionalidad, la memoria y el entorno social del paciente.
¿Qué ha observado la ciencia en mayores con un propósito de vida?
Una investigación publicada en 2022 siguió durante años a adultos japoneses de 65 años o más. Comparó a quienes afirmaban tener ikigai con quienes no lo tenían. Las personas con ikigai mostraron con el tiempo un menor riesgo de discapacidad funcional y demencia. También presentaron menos malestar psicológico y un mayor bienestar subjetivo.
El dato tiene peso porque la dependencia y el deterioro cognitivo son dos de los grandes temores al cumplir años. Se trata de una asociación y no de una prueba de causa y efecto. Aun así, el patrón es coherente: tener un propósito de vida acompaña a una vejez con más movilidad, más memoria y mejor ánimo.

¿Puede el propósito frenar la inflamación crónica?
La inflamación crónica de bajo grado es un proceso silencioso. Se relaciona con enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, fragilidad y deterioro cognitivo. Los especialistas lo llaman inflammaging, porque aumenta con la edad. Un análisis complementario con más de 50.000 adultos de siete cohortes encontró niveles más bajos de proteína C reactiva en las personas con mayor propósito. Esta proteína es uno de los marcadores de inflamación más usados en los análisis de sangre.
Hay varios mecanismos posibles para explicar este vínculo entre sentido vital e inflamación crónica:
- Menos estrés sostenido: el cortisol elevado durante meses altera la respuesta inmunitaria.
- Más actividad física: quien tiene objetivos sale más de casa, camina y se mueve.
- Mejor descanso: un día con tareas significativas suele terminar con un sueño más reparador.
- Más contacto social: la soledad no deseada se asocia a marcadores inflamatorios más altos.
¿Por qué el sentido vital se relaciona con la longevidad?
La longevidad no consiste solo en sumar años. Lo que buscan los geriatras es que esos años se vivan con autonomía. Las personas con un propósito tienden a acudir a sus revisiones, seguir los tratamientos y cuidar la alimentación. Son conductas preventivas con efecto directo sobre la tensión arterial, el colesterol y la glucosa.
El propósito funciona como un hilo que une estos hábitos. También protege frente al aislamiento, uno de los factores de riesgo más estudiados en la vejez. El sueño, el movimiento y las relaciones forman parte de los hábitos que favorecen la longevidad, y todos se mantienen mejor cuando existe un motivo para cuidarlos.
Cómo cultivar un propósito después de los 65
No hace falta una gran revelación. En geriatría se suele empezar por preguntas concretas: qué actividades te hacen perder la noción del tiempo, a quién ayudas y qué te gustaría aprender todavía. A partir de ahí, algunas vías accesibles en cualquier ciudad española son:
- Voluntariado en bancos de alimentos, hospitales o programas intergeneracionales.
- Cursos de las universidades para mayores, sin requisitos académicos previos.
- Cuidar plantas, una mascota o una parcela de huerto urbano municipal.
- Transmitir oficios, recetas o historias familiares a hijos y nietos.
- Grupos de caminata, baile o teatro en los centros de mayores del barrio.
La jubilación es un momento delicado. Perder el rol laboral sin sustituirlo puede dejar un vacío ligado a apatía y síntomas depresivos. Planificar esa transición con antelación es una medida sencilla de envejecimiento saludable, igual que revisar la vista o vacunarse de la gripe.
¿Qué aporta el propósito a un envejecimiento saludable?
El ikigai resume una idea con respaldo científico creciente. Sentirse útil y conectado se asocia a menos discapacidad, menor riesgo de demencia y marcadores de inflamación crónica más bajos. Para un envejecimiento saludable, el propósito de vida merece el mismo lugar que el ejercicio de fuerza, dormir entre 7 y 8 horas y seguir la dieta mediterránea. Juntos, estos pilares sostienen una longevidad con autonomía, memoria y vínculos.
Este contenido es informativo y no sustituye la valoración de un profesional sanitario. Si notas apatía persistente, olvidos frecuentes u otros cambios en tu estado de ánimo, consulta con tu médico de familia o con un geriatra.









