El peso corporal se ha convertido en el indicador de salud más visible y más utilizado en la vida cotidiana. Si la báscula muestra un número aceptable, la conclusión automática es que la salud está bien. Pero esa ecuación tiene una falla que el doctor Rafael Reis resume con precisión: una persona delgada no significa que tenga un metabolismo saludable. Las alteraciones metabólicas silenciosas en personas con peso normal son más frecuentes de lo que se reconoce, y pueden llevar años instalándose sin producir ningún síntoma visible mientras dañan el sistema cardiovascular, el páncreas y el hígado de forma progresiva.
Qué es la salud metabólica y por qué importa más que el número de la báscula
La salud metabólica describe la forma en que el organismo procesa la energía, regula las hormonas y mantiene el equilibrio de las sustancias esenciales en sangre. No se mide en la báscula sino en los análisis de laboratorio y en la evaluación clínica integral. Los marcadores que los médicos evalúan para determinar si el metabolismo funciona correctamente incluyen la glucemia en ayunas, la insulina sérica, los triglicéridos, el colesterol HDL y LDL, la presión arterial y la circunferencia abdominal como indicador de grasa visceral.
Una persona puede tener un IMC completamente normal, entre 18,5 y 24,9, y presentar dos, tres o más de esos marcadores alterados simultáneamente. Eso es lo que los investigadores han denominado MONW, siglas en inglés de Metabolically Obese Normal Weight, u obeso metabólico de peso normal. El doctor Reis señala que hoy es muy frecuente atender personas con peso normal pero con resistencia insulínica, grasa visceral elevada y alteraciones importantes del colesterol. Una revisión publicada en la revista Nutrients en 2023 confirmó que el fenotipo MONW afecta a entre el 20% y el 30% de los adultos con IMC normal en los países occidentales, y se asocia con un riesgo cardiovascular y de diabetes tipo 2 significativamente mayor que el de las personas con peso normal y metabolismo saludable.

La grasa visceral: el factor que no se ve en el espejo
La gran protagonista de las alteraciones metabólicas en personas delgadas es la grasa visceral, que se acumula alrededor de los órganos internos como el hígado, el páncreas y el intestino sin producir necesariamente un aumento visible del abdomen. Una persona puede tener un perímetro abdominal aparentemente normal y aun así tener una acumulación de grasa visceral clínicamente significativa que no es perceptible desde el exterior.
A diferencia de la grasa subcutánea, que se deposita bajo la piel y tiene un papel metabólico relativamente pasivo, la grasa visceral es metabólicamente activa. Libera ácidos grasos libres directamente hacia la vena porta, que va al hígado, y produce citoquinas proinflamatorias como la interleucina 6, el TNF-alfa y la proteína C reactiva. Esas sustancias inflamatorias afectan la sensibilidad a la insulina, elevan los triglicéridos, reducen el HDL y favorecen la aterosclerosis de forma independiente al peso corporal total. Para entender mejor qué es el síndrome metabólico, cuáles son sus criterios diagnósticos y qué cambios de estilo de vida tienen mayor evidencia de reversión, conviene revisar también las diferencias entre los distintos tipos de distribución de la grasa corporal y su relevancia clínica.
Los síntomas que aparecen antes del diagnóstico
El doctor Reis subraya que las alteraciones metabólicas silenciosas aparecen años antes del diagnóstico de enfermedades establecidas como diabetes, hipertensión o síndrome metabólico. Cuando los síntomas finalmente se hacen evidentes, el problema puede estar ya más avanzado de lo que el análisis aislado sugiere.
Los síntomas más frecuentes que pueden señalar una alteración metabólica en curso, incluso en personas con peso normal, incluyen los siguientes. Cansancio excesivo sin causa aparente que no mejora con el descanso, producido por la resistencia a la insulina que reduce la eficiencia de las células para usar la glucosa como combustible. Dificultad para concentrarse y niebla mental, relacionadas con la inestabilidad glucémica y la inflamación de bajo grado que afecta la función cerebral. Alteraciones del sueño, tanto el insomnio como el sueño excesivamente ligero, que a su vez empeoran la resistencia a la insulina en un círculo que se retroalimenta. Caída de cabello difusa, frecuentemente relacionada con alteraciones tiroideas, déficits nutricionales o desequilibrios hormonales que pueden acompañar a la disfunción metabólica. Cambios de humor frecuentes e irritabilidad sin causa evidente, vinculados a las fluctuaciones de glucosa e insulina. Hinchazón persistente, relacionada con la inflamación sistémica de bajo grado o con la retención de líquidos asociada a la disfunción insulínica.
Cada uno de esos síntomas de forma aislada puede tener múltiples causas. Cuando aparecen varios de forma simultánea y persistente, el doctor Reis señala que merecen investigación médica antes de atribuirlos al estrés o al envejecimiento.
Por qué adelgazar no siempre resuelve el problema
La creencia de que perder peso es siempre necesario y siempre suficiente para garantizar la salud metabólica se enfrenta a dos realidades que los especialistas observan con frecuencia en consulta. La primera es que algunas personas adelgazan pero mantienen las alteraciones metabólicas porque la pérdida de peso no fue acompañada de los cambios de estilo de vida que actúan sobre la grasa visceral y la resistencia a la insulina. La segunda es que algunas personas con sobrepeso tienen un metabolismo perfectamente saludable con todos sus marcadores dentro del rango normal.
Eso no significa que el peso sea irrelevante para la salud. El exceso de peso sigue siendo uno de los principales factores de riesgo para las enfermedades metabólicas y cardiovasculares. Pero sí significa que el peso es un indicador imperfecto que no debe usarse como único criterio para evaluar la salud metabólica, en ninguna dirección.
Cómo identificar las alteraciones antes de que se conviertan en enfermedad
La recomendación del doctor Reis y de la mayoría de los especialistas en medicina preventiva es no esperar a que aparezcan los síntomas. Las alteraciones metabólicas son mucho más fáciles de revertir en sus fases iniciales, cuando todavía no han producido daño estructural en los vasos sanguíneos, el riñón o el corazón.
Una analítica de rutina anual que incluya glucemia en ayunas, insulina sérica, perfil lipídico completo con triglicéridos y HDL, hemograma, función tiroidea y, cuando el médico lo considere relevante, índice HOMA-IR para evaluar la resistencia a la insulina, permite detectar esas alteraciones silenciosas en fases en que los cambios de estilo de vida tienen la mayor capacidad de revertirlas. A eso se añade la evaluación de la circunferencia abdominal, que aunque no equivale a una imagen de grasa visceral, es el marcador clínico más accesible y más correlacionado con su acumulación.
Los cambios de estilo de vida con mayor impacto documentado sobre la salud metabólica independientemente del peso son el ejercicio físico regular con combinación de ejercicio aeróbico y de fuerza, la reducción del azúcar añadido y los ultraprocesados, el sueño de calidad de siete a nueve horas con horarios regulares, y el manejo del estrés crónico. La báscula no cuenta toda la historia y, en el caso de la salud metabólica, puede contar incluso una historia equivocada.
Este artículo tiene una finalidad exclusivamente informativa y no sustituye la evaluación médica profesional. Ante síntomas persistentes o factores de riesgo familiares de enfermedades metabólicas, consulte con su médico para solicitar una evaluación analítica completa y recibir orientación personalizada.









