Los cálculos renales afectan a aproximadamente una de cada diez personas a lo largo de su vida, y quienes los han sufrido saben que el cólico renal es uno de los dolores más intensos que puede experimentar el organismo. Pero hay algo que muchas personas no saben: eliminar la piedra es solo la mitad del problema. Sin investigar por qué se formó y sin modificar los factores que la produjeron, la probabilidad de que aparezca un nuevo cálculo en los siguientes cinco años supera el 50%, y en diez años puede alcanzar el 80%. El abordaje correcto de la litiasis renal va mucho más allá de esperar a que pase el dolor o someterse a un procedimiento para eliminar la piedra.
Cómo se forman los cálculos y qué tipos existen
La orina contiene agua, sales y cristales en solución. Cuando la concentración de esas sustancias supera la capacidad del agua para mantenerlas disueltas, comienzan a precipitar y a agruparse formando cristales que crecen progresivamente hasta convertirse en cálculos. El tipo más frecuente es el de oxalato cálcico, que representa aproximadamente el 80% de todos los cálculos. Le siguen los de ácido úrico, los de fosfato cálcico y los de estruvita, estos últimos asociados a infecciones urinarias de repetición por bacterias que alcalinizan la orina. Una revisión publicada en la revista Nutrients en 2022 confirmó que la ingesta insuficiente de agua, el exceso de sodio, el consumo elevado de proteína animal y la baja ingesta de citrato son los factores dietéticos modificables con mayor impacto sobre la formación de cálculos renales en adultos, independientemente del tipo específico de cálculo.

Síntomas y cuándo acudir a urgencias sin esperar
Un cálculo que permanece quieto en el riñón puede no producir ningún síntoma durante años. El dolor aparece cuando el cálculo comienza a desplazarse hacia el uréter y produce obstrucción. Ese dolor, el cólico nefrítico, tiene características muy específicas que lo distinguen de otros dolores abdominales o lumbares.
- Es muy intenso, con ciclos de aumento y disminución que duran aproximadamente 20 a 30 minutos, sin una posición que lo alivie claramente.
- Se desplaza siguiendo el trayecto del cálculo: comienza en la zona lumbar alta, desciende hacia el flanco lateral del abdomen y, cuando el cálculo se acerca a la vejiga, irradia hacia la ingle, el escroto en hombres o la vagina e interior del muslo en mujeres.
- Se acompaña de náuseas, vómitos, ardor al orinar, necesidad frecuente de orinar y a veces sangre visible en la orina.
Hay tres situaciones que requieren acudir a urgencias sin esperar: dolor que no cede con analgésicos habituales, presencia de un solo riñón funcionante porque la obstrucción comprometería la única vía de eliminación de orina, y fiebre superior a 38 °C acompañando al cólico. La combinación de obstrucción ureteral y fiebre puede indicar una pielonefritis obstructiva que puede progresar a sepsis y requiere drenaje urgente.
Diagnóstico: qué pruebas permiten determinar el tamaño y la localización
El diagnóstico comienza con la historia clínica y los síntomas, pero requiere confirmación con pruebas de imagen para determinar el tamaño, la localización y las características del cálculo, que son los factores que determinan el tratamiento. Para entender mejor qué es la litiasis renal, cuáles son sus tipos y qué factores metabólicos predisponen a cada uno, conviene revisar también las diferencias entre los distintos tipos de cálculo en cuanto a densidad, solubilidad y respuesta al tratamiento médico.
- Análisis de orina: detecta hematuria, cristales y signos de infección que pueden acompañar al cálculo.
- Análisis de sangre: evalúa la función renal, los niveles de calcio, ácido úrico y otros marcadores metabólicos relevantes.
- Ecografía renal: primera opción de imagen por su accesibilidad y ausencia de radiación. Detecta cálculos en el riñón y la dilatación del sistema colector por obstrucción, aunque puede pasar por alto cálculos pequeños en el uréter.
- Radiografía simple de abdomen: útil para cálculos cálcicos que son radiopacos, pero no detecta los de ácido úrico que son radiotransparentes.
- Tomografía computarizada sin contraste: es el estándar de referencia para el diagnóstico de la litiasis ureteral. Detecta todos los tipos de cálculos con alta sensibilidad y permite medir con precisión el tamaño y localización.
Tratamiento según el tamaño del cálculo
El tamaño del cálculo es el parámetro más determinante para la decisión terapéutica, aunque la localización, la densidad en el TAC y las características del paciente también influyen.
Los cálculos menores de 5 mm tienen una alta probabilidad de eliminarse de forma espontánea con el flujo urinario en días o semanas. El tratamiento es médico y expulsivo: hidratación abundante para aumentar el volumen de orina, analgésicos para controlar el dolor y, cuando el médico lo indica, fármacos alfabloqueantes como la tamsulosina que relajan la musculatura del uréter y facilitan el paso del cálculo hacia la vejiga. Durante ese período se recomienda filtrar la orina para recuperar el cálculo si es posible, porque su análisis de composición es la información más valiosa para la prevención futura.
Los cálculos de entre 5 y 10 mm tienen menor probabilidad de eliminación espontánea y pueden requerir procedimientos según la evolución clínica. Los mayores de 10 mm generalmente requieren intervención activa. Las opciones disponibles son las siguientes.
- Litotricia extracorpórea por ondas de choque: se dirigen ondas de presión desde fuera del cuerpo hacia el cálculo para fragmentarlo en partículas más pequeñas que puedan eliminarse con la orina. Es el procedimiento menos invasivo, realizable de forma ambulatoria, pero su eficacia depende del tipo y la dureza del cálculo. No está indicada en embarazo, trastornos de coagulación, cálculos muy grandes o muy duros.
- Ureteroscopia y ureterolitotricia: se introduce una cámara flexible o rígida a través de la uretra y la vejiga hasta alcanzar el cálculo en el uréter. El urólogo puede extraerlo directamente con una pequeña cesta o fragmentarlo con láser y retirar los fragmentos. Es el procedimiento más versátil y con mayor tasa de éxito para cálculos ureterales de tamaño medio.
- Nefrolitotomía percutánea: se realiza una pequeña incisión en la espalda para acceder directamente al riñón y fragmentar y extraer el cálculo. Es el procedimiento de elección para cálculos mayores de 2 cm o en situaciones en que los otros procedimientos no son posibles o han fracasado. Tras algunos procedimientos puede colocarse un catéter doble J que facilita el drenaje y que se retira en días o semanas.

Por qué eliminar el cálculo no es suficiente: la investigación metabólica
La tasa de recurrencia de la litiasis renal es tan elevada, hasta el 50% en cinco años, porque el cálculo no es la enfermedad sino la consecuencia. Si el factor que produjo el cálculo sigue activo, el entorno urinario seguirá siendo propicio para la formación de nuevos cristales. La investigación de ese factor requiere el análisis del cálculo expulsado o extraído para determinar su composición, y una evaluación metabólica que incluye analítica de sangre con calcio, ácido úrico, función renal y parathormona, y orina de 24 horas para medir el volumen, el calcio, el oxalato, el citrato, el ácido úrico y el pH. Esa información permite identificar si hay hipercalciuria, hiperoxaluria, hiperuricosuria, hipocitraturia o simplemente una hidratación insuficiente como factor dominante, y ajustar el tratamiento preventivo de forma individualizada.
Estrategias de prevención con mayor evidencia
La hidratación es la medida preventiva con mayor impacto sobre todos los tipos de cálculos. El objetivo es producir más de dos litros de orina al día, lo que requiere beber más de dos litros y medio de líquidos en condiciones normales, más en días de calor o ejercicio intenso. El indicador más práctico es el color de la orina: debe mantenerse en un tono amarillo claro y casi transparente durante todo el día.
- Reducir el sodio: el exceso de sal aumenta la excreción urinaria de calcio, lo que eleva el riesgo de cálculos cálcicos. Limitar los ultraprocesados, los embutidos y la sal añadida es especialmente relevante para personas con hipercalciuria.
- Moderar la proteína animal: las carnes rojas, especialmente en cantidad elevada, aumentan la excreción de ácido úrico y oxalato y reducen el pH urinario, creando condiciones favorables para varios tipos de cálculos.
- Incorporar fuentes de citrato: el limón y la naranja contienen citrato, un inhibidor natural de la cristalización que se une al calcio en la orina e impide que forme cristales con el oxalato o el fosfato. El zumo de limón diluido en agua es la fuente más concentrada y práctica.
- No eliminar el calcio de la dieta: es uno de los errores más frecuentes. Reducir el calcio dietético no previene los cálculos cálcicos y puede aumentar el riesgo porque el calcio de los alimentos, cuando está presente en el intestino, se une al oxalato allí mismo e impide su absorción y posterior excreción urinaria. Eliminar el calcio de la dieta libera el oxalato intestinal para absorberse y llegar al riñón.
- Reducir los alimentos ricos en oxalato en personas con hiperoxaluria documentada: espinacas, acelgas, remolacha, quiabo, batata dulce, nueces y chocolate tienen contenido elevado de oxalato. Su restricción solo está justificada cuando la orina de 24 horas confirma una hiperoxaluria, no de forma generalizada en todos los pacientes.
El cálculo expulsado o extraído es el punto de partida de la prevención, no el punto final. Enviarlo para análisis, realizar la evaluación metabólica y ajustar la hidratación y la dieta según los resultados puede marcar la diferencia entre un episodio aislado y una enfermedad recurrente que deteriora de forma progresiva la función renal.
Este artículo tiene una finalidad exclusivamente informativa y no sustituye la evaluación médica profesional. Ante dolor intenso, sangre en la orina o fiebre asociada a un cólico renal, acuda a urgencias sin demora y consulte posteriormente con un urólogo para recibir la evaluación metabólica adecuada.









