El metoprolol es un betabloqueante indicado para tratar la presión arterial alta, la angina de pecho y las arritmias, además de prevenir complicaciones después de un infarto. También puede usarse en el control de la insuficiencia cardíaca y la prevención de la migraña.
Este medicamento actúa principalmente sobre el corazón, haciendo que lata más despacio y con menos fuerza. Así, ayuda a reducir la frecuencia cardíaca y la presión arterial, y mejora el flujo de sangre.
El metoprolol debe usarse solo con indicación del cardiólogo, quien definirá la dosis y la presentación más adecuada. Su uso requiere control médico, ya que puede causar efectos secundarios y tiene contraindicaciones.
Para qué sirve
El metoprolol sirve principalmente para regular la presión y el ritmo del corazón. Los principales usos del metoprolol son:
- Hipertensión arterial;
- Angina de pecho;
- Arritmias cardíacas, como la taquicardia supraventricular o el control de la frecuencia en la fibrilación auricular;
- Insuficiencia cardíaca crónica estable, con la forma de succinato;
- Prevención después de un infarto agudo de miocardio;
- Trastornos funcionales del corazón con palpitaciones;
- Profilaxis de la migraña.
En la mayoría de estos casos el efecto del metoprolol se debe a que disminuye el trabajo del corazón. Así reduce el consumo de oxígeno y ayuda a controlar los síntomas.
La evidencia reciente, sin embargo, matiza su beneficio tras un infarto cuando la función del corazón está conservada, por lo que la decisión siempre queda en manos del médico.
Dosis del metoprolol
La dosis del metoprolol depende de la enfermedad que se esté tratando y de la respuesta de cada persona. Suele iniciarse con una dosis baja que el médico aumenta de forma gradual.
Según las indicaciones más frecuentes, las dosis orientativas son:
- Hipertensión: 47,5 a 95 mg de succinato (50 a 100 mg de tartrato) una vez al día, hasta 190 mg si es necesario;
- Angina de pecho: 95 a 190 mg de succinato (100 a 200 mg de tartrato) al día;
- Mantenimiento después del infarto: 190 mg de succinato (200 mg de tartrato) al día;
- Insuficiencia cardíaca estable: inicio con 23,75 mg de succinato (25 mg) durante las primeras dos semanas, con aumento progresivo.
Por lo general no se necesita ajustar la dosis en personas con problemas del riñón ni en personas mayores. En la enfermedad grave del hígado el médico puede valorar una reducción. Solo el especialista debe fijar y modificar la cantidad de cada toma.
Cómo usarlo
El metoprolol se toma por vía oral, casi siempre durante o inmediatamente después de las comidas. Conviene tomarlo a la misma hora cada día para no olvidar ninguna dosis. En el infarto agudo también existe una forma inyectable de uso hospitalario.
Existen dos sales con formas de uso distintas. El succinato de metoprolol es de liberación prolongada, dura unas 24 horas y suele tomarse una vez al día. El tartrato de metoprolol es de liberación inmediata, dura entre 6 y 12 horas y por eso suele repartirse en más de una toma.
Los comprimidos de liberación prolongada pueden partirse para tragarlos con más facilidad, pero no para dividir la dosis, y no deben masticarse ni triturarse.
El tratamiento no debe suspenderse de forma brusca, ya que puede aparecer dolor en el pecho o problemas cardíacos graves.
Posibles efectos secundarios
El metoprolol suele tolerarse bien, pero puede provocar efectos no deseados, sobre todo al inicio o tras subir la dosis. Los efectos secundarios más comunes del metoprolol son:
- Latido lento del corazón (bradicardia);
- Presión baja y mareos al ponerse de pie;
- Cansancio, debilidad y sensación de fatiga;
- Frialdad en manos y pies;
- Dolor de cabeza, insomnio o trastornos del sueño;
- Dificultad para respirar o broncoespasmo;
- Molestias digestivas.
En personas con diabetes el metoprolol puede ocultar las señales de bajada de azúcar, como la taquicardia. También puede alterar las cifras de colesterol y triglicéridos.
Contraindicaciones del metoprolol
El metoprolol no debe usarse en algunas situaciones, ya que puede ser peligroso. Está contraindicado en personas con alergia al medicamento o a otros betabloqueantes, así como en quienes tienen frecuencia cardíaca muy baja o bloqueo cardíaco de segundo o tercer grado.
Tampoco se recomienda en casos de shock cardiogénico, insuficiencia cardíaca descompensada, presión arterial muy baja o síndrome del seno enfermo.
Cuando existe sospecha de infarto agudo, debe evitarse si la frecuencia cardíaca es menor de 45 latidos por minuto.
También requiere vigilancia especial en personas con asma, EPOC, diabetes o problemas de circulación en las piernas.
Durante el embarazo y la lactancia, solo debe usarse si el médico lo considera necesario, ya que puede afectar al bebé.