Leishmaniasis cutánea: qué es, síntomas y tratamiento

Revisión médica: Drª. Aleksana Viana
Dermatóloga
marzo 2021
  1. Síntomas
  2. Diagnóstico
  3. Tratamiento
  4. Prevención

La leishmaniasis cutánea humana, conocida popularmente como “úlcera de los chicleros”, es una enfermedad infecciosa causada por el protozoario Leishmania, que provoca heridas indoloras en la piel y que se distribuye alrededor del mundo entero. 

Esta enfermedad es uno de los tipos de leishmaniasis tegumentaria y se transmite por insectos del género Lutzomyia, conocido popularmente por diferentes nombres como mosquito, chitre, palimilla, jején, entre otros. Asimismo, también existe otro tipo que afecta las mucosas del cuerpo, conocido como leishmaniasis mucosa, y el tratamiento de ambas es realizado bajo la orientación del médico dermatólogo, pudiendo ser necesario el uso de medicamentos inyectables, conocidos como antimoniales pentavalentes.

La forma de contraer la enfermedad es a través de la picadura de un insecto, que se contamina con la Leishmania después de picar personas o animales portadores de la enfermedad, principalmente perros, gatos y ratones, siendo la enfermedad por esto, no contagiosa y no trasmisible de persona a persona. Los insectos que transmiten la leishmaniasis suelen vivir en ambientes calientes, húmedos y oscuros, principalmente en florestas o jardines con acumulación de desechos orgánicos. 

Cicatriz da Leishmaniose tegumentar
Cicatriz da Leishmaniose tegumentar

Principales síntomas

La leishmaniasis cutánea es la forma más común de la enfermedad y suele causar el desarrollo de una herida con las siguientes características:

  • Comienza como un pequeño nódulo en el sitio de la picada;
  • Evoluciona a una herida abierta sin dolor, en algunas semanas o meses;
  • Cicatriza lentamente sin necesidad de tratamiento entre 2 y 15 meses;
  • Los ganglios linfáticos puedan estar hinchados y adoloridos.

La lesión mide entre algunos milímetros a algunos centímetros, tienen una consistencia endurecida con bordes elevados y un fondo rojizo que puede contener secreciones. Cuando hay infección bacteriana asociada, puede causar dolor local y producir una secreción purulenta.

Además de la tradicional herida localizada, la forma de presentar las lesiones puede variar según el tipo de protozoario responsable y la inmunidad de la persona, pudiendo surgir también como bultos diseminados por el cuerpo o infiltraciones en la piel, por ejemplo.

Posible complicación

Por otra parte, y de forma menos frecuente, también existe la leishmaniasis mucosa, la cual surge, en la mayor parte de los casos, después de la clásica lesión cutánea, y se caracteriza por lesiones destructivas en las mucosas de las vías superiores, como nariz, orofaringe, paladar, labios, lengua, laringe y, más difícilmente, tráquea y parte superior de los pulmones.

En la mucosa se puede observar enrojecimiento, hinchazón, infiltración y ulceración, y si hay infección secundaria por bacterias, las lesiones pueden presentar secreción purulenta y costras. Además, en la mucosa de la nariz puede haber perforación o hasta destrucción del tabique cartilaginoso, y en la boca puede haber perforación del paladar blando.

Cómo confirmar el diagnóstico

En la mayoría de los casos, el médico es capaz de hacer el diagnóstico de la leishmaniasis cutánea solo a través de la observación de las lesiones y la información del paciente, especialmente cuando el paciente vive o ha estado en regiones afectadas por el parásito. Sin embargo, la enfermedad también se puede confundir con otros problemas como tuberculosis, infecciones fúngicas o lepra, por ejemplo.

De esta forma, también puede ser necesario hacer una prueba de diagnóstico para la cual existen algunas opciones, como la prueba reactiva en la piel para la leishmaniasis, llamada intradermo-reacción de Montenegro, el examen de aspiración o la biopsia de la lesión, para identificar el parásito, o las pruebas de sangre ELISA o PCR.

Es importante recordar que la leishmaniasis también puede presentarse en su forma más grave, que es la visceral, también conocida como Kala azar. Esta enfermedad evoluciona de manera muy diferente a la lesihmaniasis cutánea, diseminándose a través del torrente sanguíneo.

Vea cómo identificar la leishmaniasis visceral.

Cómo se hace el tratamiento

Las lesiones de la leishmaniasis cutánea normalmente cicatrizan sin necesidad de tratamiento. No obstante, en el caso de heridas que aumenten de tamaño, sean muy grandes, se multipliquen o se encuentren en el rostro, manos y articulaciones, se puede recomendar realizar el tratamiento con medicamentos, como cremas e inyecciones, orientados por el dermatólogo.

Los medicamentos de primera elección en el tratamiento de la leishmaniasis son los antimoniales pentavalentes, como el antimoniato de meglumina, realizado en dosis diarias, intramusculares o intravenosas, durante 20 a 30 días. 

Si las heridas se infectan durante el proceso de cicatrización, también se puede aconsejar realizar el tratamiento asistido por una enfermera para un mejor cuidado y, así, evitar que la herida empeore.

Además, después de la cicatrización, las cicatrices pueden permanecer en la piel y provocar cambios estéticos. Por esto, puede ser necesario hacer un seguimiento psicológico o recurrir a la cirugía plástica para tratar los cambios en el rostro, por ejemplo.

Cómo prevenir

Para evitar la transmisión de la leishmaniasis, es importante invertir en actitudes individuales y colectivas, tales como las siguientes:

  • Usar repelente cuando esté en ambientes donde el mosquito se encuentre, y evitar exposición en los horarios de mayor intensidad de mosquitos;
  • Utilizar mosquiteros de malla fina y colocarlos en puertas y ventanas;
  • Mantener terrenos y jardines cercanos limpios, removiendo escombros y suciedad, y podar arboles para disminuir la humedad, pues ayuda a la reproducción de mosquitos y moscas;
  • Evitar desechos orgánicos en el suelo para no atraer animales, como ratas, que pueden contener enfermedades;
  • Mantener los animales domésticos fuera de la casa durante la noche para reducir la atracción de los mosquitos y moscas a este ambiente;
  • Evitar construir casas con distancia menor de 4000 o 5000 metros del bosque.

Asimismo, ante la presencia de heridas que no cicatrizan fácilmente, y que pueden indicar esta enfermedad, es importante buscar atención en el centro de salud para que se identifiquen las causas y se inicie el tratamiento adecuado rápidamente.

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Atualizado por Jean-Erick De Almeida - Odontólogo, em marzo de 2021. Revisión médica por Drª. Aleksana Viana - Dermatóloga, em marzo de 2021.
Revisión médica:
Drª. Aleksana Viana
Dermatóloga
Especialista en Dermatología por la Facultad de Medicina de Minas Gerais en 2007 con registro profesional en el CRM/PE – 16907