La discinesia es una alteración del movimiento que provoca movimientos involuntarios o anormales, como torsiones, sacudidas o movimientos repetitivos, y puede afectar la cara, el tronco o las extremidades.
Puede aparecer por el uso de ciertos medicamentos, enfermedades neurológicas o lesiones del sistema nervioso, y en personas con Parkinson también puede surgir como una complicación del tratamiento con levodopa.
Ante la sospecha de discinesia, se recomienda consultar a un neurólogo para identificar la causa y definir el tratamiento más adecuado, que puede incluir medicamentos para controlar los movimientos anormales, ajustes en la medicación o fisioterapia.
Principales síntomas
Los síntomas de la discinesia varían según el tipo de movimiento, la causa y la región del cuerpo afectada. Entre los más frecuentes se encuentran:
- Movimientos involuntarios, como torsiones, sacudidas, contorsiones o movimientos repetitivos;
- Dificultad para controlar determinados movimientos;
- Muecas o movimientos involuntarios de los labios, la lengua o la mandíbula;
- Movimientos anormales de los brazos, las piernas o el tronco;
- Posturas inusuales o dificultad para realizar actividades como caminar, hablar, masticar o tragar.
La forma en que se presentan estos movimientos puede variar: algunos tipos de discinesia son continuos, mientras que otros aparecen en episodios o pueden estar relacionados con el uso de determinados medicamentos.
Posibles causas
La discinesia puede tener diferentes causas, ya que los movimientos anormales no corresponden a una única enfermedad. Entre las principales se encuentran:
- Medicamentos que bloquean la dopamina: el uso prolongado de algunos antipsicóticos y otros medicamentos con acción antidopaminérgica puede provocar discinesia tardía;
- Tratamiento de la enfermedad de Parkinson: la levodopa puede producir discinesias durante la evolución del tratamiento, especialmente en relación con las fluctuaciones de su efecto;
- Enfermedades o lesiones neurológicas: las alteraciones en las regiones cerebrales que regulan el movimiento pueden producir movimientos anormales, como ocurre en algunas personas con enfermedad de Huntington, accidente cerebrovascular o parálisis cerebral;
- Alteraciones genéticas, metabólicas o exposición a sustancias tóxicas: algunas enfermedades hereditarias, alteraciones metabólicas y sustancias tóxicas pueden afectar los circuitos responsables del control de los movimientos.
El término “discinesia” también se utiliza para describir otras condiciones que no están relacionadas con los trastornos neurológicos del movimiento, como la discinesia vesicular, la discinesia escapular y la discinesia ciliar primaria.
Tipos de discinesia
Los tipos de discinesia pueden clasificarse según su causa o el contexto clínico en que aparecen, o según la forma en que se presentan los movimientos.
1. Según la causa o el contexto clínico
Según la causa o el contexto clínico en que aparece la discinesia se clasifica en:
- Discinesia tardía: suele aparecer después del uso prolongado de medicamentos antipsicóticos o neurolépticos y puede causar movimientos involuntarios en la boca, la lengua, la mandíbula, el cuerpo o las extremidades;
- Discinesia inducida por levodopa: puede aparecer en personas con enfermedad de Parkinson después de un tratamiento prolongado con levodopa y presentarse como discinesia de dosis pico, discinesia bifásica o distonía “off”.
En ambos casos, la forma en que se presentan los movimientos puede variar según el medicamento y el contexto en que aparece la discinesia.
2. Según el patrón físico del movimiento
Los trastornos del movimiento involuntario también pueden clasificarse según el patrón físico de los movimientos, cuyas características permiten diferenciar cada tipo:
Estos patrones describen la forma en que se manifiestan los movimientos involuntarios y pueden presentarse en diferentes trastornos o enfermedades.
Cómo se confirma el diagnóstico
El diagnóstico de la discinesia generalmente lo realiza el neurólogo, quien evalúa los movimientos y los síntomas, los antecedentes de salud y los medicamentos utilizados, además de realizar un examen neurológico.
Para identificar la posible causa y descartar otras condiciones, pueden solicitarse análisis de sangre, resonancia magnética, tomografía, electromiografía, electroencefalograma u otras pruebas, según los síntomas.
Lea también: Electromiografía: qué es, para qué sirve y cómo se realiza tuasaude.com/es/electromiografiaCuando los hallazgos hacen sospechar un trastorno hereditario, también pueden realizarse estudios genéticos.
Cómo se realiza el tratamiento
El tratamiento de la discinesia depende del tipo de movimiento, su causa y la intensidad de los síntomas, así como de cuánto interfieren en las actividades diarias y las principales opciones de tratamiento incluyen:
1. Ajuste de medicamentos
Cuando la discinesia tardía está relacionada con el uso de antipsicóticos o neurolépticos, el médico puede valorar reducir la dosis o retirar gradualmente el medicamento causante.
Si no es posible suspenderlo, puede considerar cambiarlo por otro antipsicótico, como clozapina o quetiapina.
Lea también: Clozapina: qué es, para qué sirve y cómo tomar tuasaude.com/es/clozapina2. Uso de medicamentos
El tratamiento con medicamentos varía según el tipo de discinesia. Para la discinesia tardía pueden utilizarse tetrabenazina, valbenazina o deutetrabenazina, mientras que la amantadina puede ayudar a reducir la discinesia causada por la levodopa en personas con enfermedad de Parkinson.
En el caso de las distonías focales y la espasticidad muscular, las inyecciones de toxina botulínica son una de las principales opciones.
Además, según el tipo de movimiento, pueden utilizarse relajantes musculares, anticolinérgicos, medicamentos que actúan sobre el GABA, betabloqueantes o anticonvulsivos.
3. Estimulación cerebral profunda
Cuando los síntomas son graves o no responden al tratamiento, puede considerarse la estimulación cerebral profunda, un procedimiento que consiste en implantar un dispositivo para enviar señales eléctricas a las áreas del cerebro que participan en el control de los movimientos.
4. Fisioterapia y otras terapias
La fisioterapia y la terapia ocupacional pueden ayudar a mantener el equilibrio, la fuerza y la independencia en las actividades cotidianas.
Cuando los movimientos involuntarios afectan el habla o la deglución, también puede ser necesaria la terapia del habla y deglución.
5. Psicoterapia
La psicoterapia también puede ayudar a afrontar el impacto emocional de los trastornos del movimiento, así como la ansiedad y la depresión asociadas.