La toxoplasmosis en el embarazo es una enfermedad que puede provocar síntomas como fiebre, ganglios inflamados en el cuello y dolor de cabeza. Sin embargo, en la mayoría de los casos no presenta síntomas y suele detectarse durante los controles prenatales.
Es importante identificar la toxoplasmosis durante el embarazo para evitar complicaciones graves, como aborto espontáneo, parto prematuro, bajo peso al nacer, microcefalia, retraso en el desarrollo y, en casos más graves, muerte fetal o al nacer.
El tratamiento de la toxoplasmosis en el embarazo debe ser indicado por el obstetra y puede incluir medicamentos como pirimetamina, sulfadiazina, clindamicina, espiramicina y ácido folínico.
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Posibles síntomas
Los principales síntomas de la toxoplasmosis en el embarazo son:
- Fiebre;
- Escalofríos y sudoración;
- Pérdida del apetito;
- Dolor de cabeza;
- Ganglios inflamados, principalmente en la región del cuello;
- Dolor muscular;
- Dolor de garganta;
- Erupciones en la piel;
En casos más raros, pueden presentarse alteraciones visuales o dolor ocular debido a inflamaciones como uveítis y coriorretinitis.
Sin embargo, en la mayoría de los casos, la toxoplasmosis no provoca síntomas.
Cómo se realiza el diagnóstico
El diagnóstico de la toxoplasmosis en el embarazo lo realiza el obstetra durante el control prenatal, a partir de la evaluación de los síntomas y de los factores de riesgo.
Aun en ausencia de síntomas, se recomienda realizar un tamizaje serológico trimestral mediante pruebas inmunoenzimáticas para detectar IgG e IgM contra Toxoplasma gondii.
El médico también puede solicitar serología mediante la detección de IgM por inmunofluorescencia indirecta para confirmar el diagnóstico.
Si se confirma una infección reciente, el obstetra puede indicar una amniocentesis para realizar una prueba de PCR en el líquido amniótico, además de un ultrasonido para evaluar si el bebé ha sido afectado.
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Un resultado de toxoplasmosis IgG reactiva en el embarazo indica que la mujer ya tuvo contacto con el parásito y desarrolló anticuerpos.
Sin embargo, para una correcta interpretación, también debe considerarse el resultado de IgM y el momento en que se realizó la prueba.
Esto se debe a que una IgG reactiva con IgM no reactiva sugiere una infección antigua o previa al embarazo, mientras que una IgG reactiva con IgM reactiva puede indicar una infección reciente durante el embarazo.
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La transmisión de la toxoplasmosis en el embarazo puede ocurrir principalmente a través del consumo de carnes crudas o poco cocidas que contengan quistes del parásito Toxoplasma gondii, la ingesta de agua contaminada, el consumo de frutas y verduras mal lavadas, así como la ingesta de leche no pasteurizada y de productos elaborados con leche cruda.
También puede producirse por el paso del parásito a través de la placenta hacia el bebé durante el embarazo.
Además, la infección puede ocurrir por la ingestión accidental de los huevos del parásito, por ejemplo al manipular sin guantes cajas de arena de gatos infectados o al entrar en contacto con suelo contaminado.
En cambio, la convivencia o el contacto con gatos no causa la enfermedad, ya que el riesgo está relacionado específicamente con el contacto con heces contaminadas.
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La toxoplasmosis en el embarazo es peligrosa principalmente cuando afecta al bebé, ya que en la mujer suele cursar de forma leve o incluso sin síntomas.
Es especialmente riesgosa cuando la infección ocurre durante el primer trimestre del embarazo, porque aunque la probabilidad de transmisión al bebé es menor, el riesgo de malformaciones y secuelas graves es mayor, ya que el bebé aún se encuentra en una etapa temprana de desarrollo.
Cuando el parásito se transmite al feto, lo que se conoce como toxoplasmosis congénita, puede causar complicaciones importantes y secuelas permanentes.
Por este motivo, es fundamental realizar los controles prenatales y los estudios indicados por el médico para detectar la infección a tiempo e iniciar el tratamiento adecuado cuando sea necesario.
Riesgos y consecuencias
Los riesgos de la toxoplasmosis en el embarazo varían según el momento de la gestación y se relacionan principalmente con las consecuencias de la infección cuando el parásito atraviesa la placenta e infecta al bebé, lo que puede incluir aborto espontáneo, parto prematuro, bajo peso al nacer y muerte fetal o al nacer.
Cuando la infección ocurre al inicio del embarazo, especialmente en el primer trimestre (infección temprana), las posibilidades de transmisión al bebé son menores, pero cuando ocurre, puede provocar secuelas más graves, ya que el bebé se encuentra en una fase inicial de desarrollo.
En cambio, cuando la infección ocurre en etapas más avanzadas del embarazo, como el segundo o tercer trimestre (infección tardía), la transmisión al bebé es más frecuente, aunque los daños suelen ser menos severos.
En la mujer, la toxoplasmosis generalmente no provoca síntomas o causa solo manifestaciones leves. Sin embargo, el riesgo es mayor en personas con el sistema inmunológico debilitado, como en casos de trasplantes o tratamientos oncológicos, donde la infección puede evolucionar a cuadros graves como encefalitis, neumonitis o afectación ocular.
Complicaciones para el bebé
Los riesgos y complicaciones de la toxoplasmosis congénita en el bebé incluyen:
- Neurológicas, como retraso en el desarrollo, discapacidad intelectual, microcefalia o macrocefalia, hidrocefalia, calcificaciones intracraneales, alteraciones motoras y convulsiones;
- Oftalmológicas, como lesiones e inflamación de la retina, ceguera, cataratas, glaucoma y desprendimiento de retina;
- Auditivas, como sordera;
- Aumento del tamaño del hígado y del bazo;
- Ictericia, que es la coloración amarillenta de la piel y los ojos;
- Ascitis y acumulación generalizada de líquidos;
- Disminución del crecimiento;
La mayoría de los recién nacidos infectados no presentan síntomas al nacer; sin embargo, estos pueden aparecer meses o años después, e incluso en la adolescencia o en la adultez.
Por este motivo, la ausencia de diagnóstico y tratamiento puede llevar a complicaciones graves a largo plazo.
Cómo se realiza el tratamiento
El tratamiento de la toxoplasmosis en el embarazo es indicado por el obstetra y consiste en el uso de antibióticos para tratar a la madre y reducir el riesgo de transmisión al bebé.
Los medicamentos y la duración del tratamiento dependen de la etapa del embarazo y de la presencia o no de infección en el bebé. Entre los fármacos utilizados se encuentran pirimetamina, sulfadiazina, clindamicina, espiramicina y ácido folínico.
Si el bebé ya está infectado, el tratamiento se realiza con sulfadiazina, pirimetamina y ácido folínico, iniciándose a partir de la primera semana de vida.
Cómo prevenirla
Algunos consejos para prevenir la toxoplasmosis en el embarazo incluyen consumir carnes bien cocidas y evitar el contacto directo con carnes crudas, utilizando guantes durante su manipulación y empleando utensilios diferentes para alimentos crudos y para frutas o verduras.
También es importante beber únicamente agua filtrada, tratada o hervida, así como lavar cuidadosamente frutas, verduras y hortalizas antes de su consumo.
Asimismo, se recomienda evitar la leche no pasteurizada y los productos elaborados con leche cruda, además de mantener una correcta higiene de manos y desinfectar superficies y utensilios después del contacto con alimentos crudos.
Lea también: Cómo lavar las frutas y las verduras correctamente tuasaude.com/es/como-lavar-las-frutas-y-los-vegetales-correctamenteEn relación con las actividades de jardinería, se aconseja adoptar medidas de prevención durante el embarazo, utilizando guantes gruesos para evitar el contacto directo con la tierra.
En el caso de los gatos, se recomienda mantener las cajas de arena externas siempre cubiertas y alimentar a los gatos domésticos con alimentos comerciales o carnes bien cocidas.
Además, debe evitarse, siempre que sea posible, el contacto directo con la caja de arena y las heces del animal, delegando esta tarea a otra persona o, en caso de que la mujer embarazada necesite realizarla, debe hacerlo utilizando guantes y lavándose bien las manos inmediatamente después.