Ketamina: qué es, para qué sirve y dosis

Actualizado en enero 2024

La ketamina es un anestésico y sedante indicado para cirugías de corta duración o procedimientos médicos que no requieren relajación muscular, como cesárea, desbridamiento, injertos de piel en casos de quemaduras o punción lumbar, por ejemplo.

Este medicamento también puede estar indicado para tratar la depresión severa o cuando esta enfermedad no responde a los tratamientos convencionales. Vea otros tratamientos recomendados para la depresión.

La ketamina sólo se encuentra en hospitales en forma de inyecciones o inhalaciones, que deben ser administradas en dosis individuales por el médico.

Imagem ilustrativa número 1

Para qué sirve

La ketamina está indicada para:

  • Inducir y mantener la anestesia general;
  • Cirugías de corta duración;
  • Cirugías superficiales;
  • Complementar la anestesia con óxido nitroso u otros anestésicos;
  • Parto vaginal o cesárea;
  • Nacimientos distócicos;
  • Legrado;
  • Desbridamiento;
  • Vendajes dolorosos;
  • Injerto de piel en personas con quemaduras;
  • Neumoencefalografía;
  • Ventriculografía;
  • Mielogramas;
  • Punción lumbar;
  • Cirugías o pruebas diagnósticas en ojos, oídos, nariz y boca;
  • Cirugías o pruebas diagnósticas en la faringe, laringe o árbol bronquial, junto con un relajante muscular;
  • Rectosigmoidoscopia;
  • Cirugías menores en el ano o recto;
  • Circuncisión;
  • Manipulación o reducción de fracturas;
  • Colocación de clavos femorales;
  • Amputaciones;
  • Biopsias óseas;
  • Cateterización cardíaca.

Además, la ketamina puede estar indicada como anestesia en personas con funciones vitales deprimidas, ya que no afecta la respiración ni el funcionamiento de los órganos vitales.

Ketamina para tratar la depresión

La ketamina también puede estar indicada para tratar la depresión severa o refractaria, que es cuando la enfermedad no responde a los tratamientos con medicamentos antidepresivos convencionales, ayudando a aliviar rápidamente los síntomas de esta enfermedad.

Esto sucede porque la ketamina ayuda a activar el glutamato en el cerebro, una sustancia que, en bajas cantidades, puede provocar los síntomas de la depresión. Además, la ketamina también puede estimular la producción de factor neurotrófico derivado del cerebro, una proteína que mejora la neuroplasticidad al cambiar los patrones de pensamiento negativos.

Cómo usar y dosis

La ketamina debe usarse mediante inyección directamente en una vena o en el músculo, así como en forma de aerosol nasal, el cual debe ser administrado por un médico.

Las dosis de ketamina deben calcularse individualmente, teniendo en cuenta la edad, el peso corporal y la condición física de la persona, así como el tipo y tiempo del procedimiento a realizar.

Es importante que después de administrar el medicamento la persona no conduzca, recomendándose tener un acompañante que pueda llevarlo a casa.

Posibles efectos secundarios

Los efectos secundarios más comunes del uso de ketamina son confusión mental, sueños o delirios, aumento de la presión arterial o del ritmo cardíaco.

Además, pueden producirse efectos secundarios que deben informarse al médico de inmediato, como dolor o dificultad para orinar, pérdida del control de la vejiga, sangre en la orina, mareos, latidos cardíacos lentos, respiración débil o espasmos musculares que pueden parecerse a convulsiones.

Contraindicaciones

La ketamina no debe ser utilizada por personas con presión arterial alta, insuficiencia cardíaca grave, intoxicación alcohólica aguda o por personas que beben alcohol con frecuencia o que han sufrido un derrame cerebral.

Además, este anestésico no debe ser utilizado por personas alérgicas a la ketamina o cualquier otro componente de la fórmula.

Durante el embarazo o la lactancia sólo debe utilizarse bajo consejo y supervisión médica.