El retraso mental, actualmente denominado discapacidad intelectual, es una condición del desarrollo que causa limitaciones significativas en el funcionamiento intelectual y en las habilidades adaptativas conceptuales, sociales y prácticas.
Los síntomas varían de una persona a otra y pueden afectar el aprendizaje, la comunicación, las relaciones sociales y la autonomía para realizar actividades cotidianas, aunque el grado de dificultad puede ser diferente en cada caso.
Los apoyos tempranos e individualizados pueden favorecer el desarrollo de habilidades y la autonomía, además de facilitar la participación en diferentes actividades y mejorar la calidad de vida a lo largo del tiempo.
Posibles síntomas
Los síntomas de discapacidad intelectual suelen identificarse durante la infancia y pueden ser leves o más evidentes, dependiendo de las necesidades de cada persona. Los principales son:
- Retraso en el desarrollo del lenguaje, las habilidades motoras o el autocuidado;
- Dificultad para aprender, razonar, resolver problemas o comprender información compleja;
- Problemas para planificar actividades y aplicar lo aprendido en situaciones nuevas;
- Dificultad para comunicarse, comprender reglas sociales o establecer relaciones;
- Necesidad de ayuda para organizar las tareas escolares o cotidianas;
- Dificultad para desarrollar autonomía en actividades como vestirse, cuidar la higiene o manejar responsabilidades.
La presencia de uno o varios de estos signos no confirma por sí sola el diagnóstico, ya que también pueden presentarse en otras condiciones del desarrollo y variar de una persona a otra.
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El retraso mental, actualmente denominado discapacidad intelectual, se clasifica según el funcionamiento adaptativo y el nivel de apoyo que la persona necesita para desenvolverse en su vida diaria, de la siguiente manera:
Las necesidades de apoyo pueden cambiar a lo largo de la vida según la edad, el entorno, la enseñanza y los recursos disponibles, por lo que dos personas con el mismo nivel de discapacidad intelectual pueden tener habilidades, necesidades y grados de autonomía diferentes.
Principales causas
El retraso mental puede estar relacionada con diferentes factores que afectan el desarrollo del cerebro antes, durante o después del nacimiento, aunque en algunos casos no es posible identificar una causa. Entre las principales posibilidades se encuentran:
- Alteraciones genéticas o cromosómicas, como el síndrome de Down;
- Condiciones metabólicas o endocrinas, como la fenilcetonuria y el hipotiroidismo congénito;
- Infecciones durante el embarazo o enfermedades maternas que afectan el desarrollo fetal;
- Exposición prenatal al alcohol, otras sustancias o ciertos medicamentos;
- Prematuridad o complicaciones durante el parto que disminuyen el aporte de oxígeno al cerebro;
- Infecciones del sistema nervioso, como meningitis o encefalitis;
- Traumatismo craneoencefálico durante la infancia;
- Exposición a sustancias tóxicas, como el plomo;
- Desnutrición o deficiencias nutricionales importantes.
La presencia de alguno de estos factores puede aumentar el riesgo de desarrollar discapacidad intelectual, aunque no siempre significa que la persona vaya a presentarla.
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El diagnóstico de discapacidad intelectual lo realiza un equipo de profesionales mediante la evaluación del funcionamiento intelectual, las habilidades adaptativas y el desarrollo de la persona, junto con la revisión de sus antecedentes médicos, familiares y escolares y la valoración de cómo se desenvuelve en casa, la escuela, el trabajo y la comunidad.
El funcionamiento adaptativo se analiza en tres áreas, la conceptual, que incluye el lenguaje, la lectura, el razonamiento y la memoria, la social que se relaciona con la comunicación, las relaciones y la comprensión de reglas, mientras que la práctica abarca el autocuidado y la organización de las actividades cotidianas.
La prueba de coeficiente intelectual (CI) puede formar parte de la evaluación, pero su resultado debe interpretarse junto con pruebas estandarizadas de habilidades adaptativas y el criterio clínico, teniendo en cuenta la edad, el idioma y el contexto cultural, ya que por sí solo no permite confirmar ni clasificar la discapacidad intelectual.
Según los antecedentes y los resultados de la evaluación, el médico puede solicitar pruebas de audición y visión, además de estudios genéticos u otras pruebas que ayuden a identificar una posible causa.
Acompañamiento y apoyos
El acompañamiento y apoyo son importantes para las personas esta condición, ya que ayudan a desarrollar sus capacidades, favorecer su autonomía y facilitar su participación en la familia, la escuela, el trabajo y la comunidad.
El plan debe adaptarse a sus necesidades, fortalezas y preferencias, y puede incluir intervención temprana, terapia de lenguaje, terapia ocupacional, fisioterapia, atención psicológica, adaptaciones educativas y seguimiento médico.
Lea también: Terapia ocupacional: qué es, qué hace y qué enfermedades trata tuasaude.com/es/terapia-ocupacionalTambién es importante identificar y tratar otras condiciones asociadas, así como revisar y ajustar la intensidad de los apoyos a lo largo de la vida según las necesidades de cada persona.