El quiste sinovial es una alteración frecuente que suele manifestarse como un bulto bajo la piel cerca de articulaciones o tendones, como en la muñeca, la rodilla o el pie, y en la mayoría de los casos no causa dolor ni otros síntomas, por lo que el único signo visible es la presencia del bulto, aunque en algunas situaciones puede generar molestias al comprimir estructuras cercanas.
Su aparición se relaciona con cambios en la membrana sinovial y con factores como lesiones, traumatismos o sobreuso de las articulaciones, que favorecen la acumulación de líquido sinovial y la formación del quiste, pudiendo aparecer en distintas zonas del cuerpo y provocar desde ausencia de síntomas hasta dolor, hormigueo, debilidad o limitación del movimiento según su ubicación.
Ante la presencia de un quiste sinovial, se recomienda acudir al ortopedista o traumatólogo, quien realiza el diagnóstico y puede indicar el tratamiento más adecuado, que puede incluir desde observación, inmovilización, uso de antiinflamatorios, drenaje del quiste o, en algunos casos, cirugía.
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Signos y síntomas
El quiste sinovial suele identificarse por la aparición de un bulto bajo la piel cerca de una articulación o un tendón, que en la mayoría de los casos es asintomático y no causa dolor ni otros síntomas, siendo el único signo la presencia del bulto visible, aunque en algunos casos también puede generar síntomas como:
- Dolor cerca de la articulación, que puede ser constante, molesto y difuso, y empeorar al mover o estirar la zona afectada;
- Hormigueo constante en el miembro afectado, especialmente cuando el quiste comprime nervios cercanos;
- Falta de fuerza en la articulación afectada, en casos de compresión nerviosa;
- Disminución de la sensibilidad en la zona afectada, también relacionada con la presión sobre nervios;
- Dificultad para realizar movimientos o actividades cotidianas cuando el quiste interfiere con la función articular.
Según su ubicación, el quiste sinovial puede causar distintas molestias cuando comprime nervios o estructuras cercanas, como dolor, sensación de debilidad, hormigueo o entumecimiento en la zona afectada.
En algunos casos, también puede generar dolor persistente, dificultad para realizar ciertos movimientos y sensación de bloqueo articular, además de poder presionar tejidos cercanos o romperse de forma espontánea.
También pueden existir quistes sinoviales muy pequeños que no se observan ni se palpan a través de la piel, pero que se encuentran próximos a nervios o tendones, y en estos casos el dolor puede ser el único síntoma.
Por qué salen
No se conoce una única causa exacta por la que aparecen los quistes sinoviales, pero su desarrollo se relaciona con varios mecanismos que afectan a las articulaciones y tendones.
En general, se forman cuando ocurre una debilidad o pequeño desgarro en la membrana sinovial, el tejido que recubre las articulaciones. Esto puede permitir que se genere una especie de saco que se llena de líquido sinovial espeso y gelatinoso, el mismo que lubrica de forma natural las articulaciones.
En muchos casos, su aparición también se asocia a lesiones previas, traumatismos o el uso excesivo de una articulación, ya que estos factores pueden dañar la cápsula articular y favorecer la salida y acumulación del líquido hacia los tejidos cercanos, formando el quiste.
Dónde pueden aparecer
Los quistes sinoviales pueden aparecer en distintas partes del cuerpo, sobre todo cerca de articulaciones y tendones, y sus características cambian según la zona donde se formen.
1. Muñecas y manos
El quiste sinovial en las muñecas y manos es la localización más frecuente y suele aparecer como un bulto redondo u ovalado bajo la piel, que puede sentirse blando o firme como la goma y, en algunos casos, incluso volverse translúcido al iluminarlo.
Muchas veces no causan síntomas y solo representan un problema estético, aunque también pueden provocar dolor, sensación de debilidad o dolor que se irradia al mover la articulación.
2. Dedos de las manos
En los dedos de las manos, los quistes sinoviales suelen formarse en la base de los dedos o cerca de la articulación más próxima a la uña, como masas pequeñas y visibles que, cuando aparecen en esta última zona, suelen asociarse al desgaste articular, medicamente conocido como artritis.
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En las rodillas, los quistes sinoviales pueden presentarse de dos formas principales:
- Quiste de Baker: aparece en la parte posterior de la rodilla y puede no causar síntomas, aunque en algunos casos provoca dolor, compresión de estructuras cercanas e incluso ruptura espontánea;
- Quistes del ligamento cruzado anterior: se desarrollan en el interior de la rodilla, no son visibles a simple vista y suelen causar dolor crónico, inflamación y sensación de bloqueo o tope al movimiento.
En ambos casos, los síntomas pueden variar según el tamaño del quiste y las estructuras que comprima.
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En los tobillos y pies, cuando los quistes sinoviales son superficiales, se manifiestan como bultos que pueden causar dolor o irritación al caminar o por el roce del calzado, mientras que si se forman en zonas internas como el canal tarsiano, pueden comprimir nervios y provocar hormigueo, entumecimiento, dolor que se irradia a la planta del pie y pérdida de fuerza para mover los dedos o ponerse de puntillas.
5. Nervios de la pierna
En casos raros, los quistes sinoviales pueden aparecer dentro de los nervios de la pierna, especialmente en el nervio peroneo, y causar síntomas más importantes, como debilidad muscular, alteraciones de la sensibilidad y dolor, y en casos graves la incapacidad para levantar el pie, conocida como pie caído.
Cómo se realiza el diagnóstico
El diagnóstico del quiste sinovial suele comenzar con una evaluación clínica, en la que el médico observa y palpa el bulto para valorar su ubicación y consistencia, que generalmente es similar a la goma.
En algunos casos también puede realizar la transiluminación, una maniobra en la que se ilumina la lesión para comprobar si contiene líquido.
Para confirmar el diagnóstico, se utilizan pruebas de imagen como el ultrasonido, que ayuda a identificar si el bulto es líquido, la resonancia magnética, que permite detectar quistes pequeños o profundos y su relación con estructuras cercanas, y en algunos casos radiografías para descartar problemas óseos o de desgaste articular.
Además, el médico puede realizar una aspiración con aguja para analizar el líquido del quiste y, si hay sospecha de compresión nerviosa, solicitar estudios específicos de la función nerviosa.
Cómo se realiza el tratamiento
El tratamiento del quiste sinovial depende de los síntomas que provoque y, en la mayoría de los casos, al ser benigno y no causar dolor, no requiere tratamiento y puede desaparecer por sí solo con el tiempo.
Cuando el quiste causa dolor, comprime nervios, limita el movimiento o supone una molestia estética importante, se pueden considerar distintas opciones de tratamiento médico.
En los casos leves, se recurre al tratamiento conservador, que incluye medidas para reducir la presión y el dolor, como la inmovilización con férulas o vendajes, el uso de antiinflamatorios, como ibuprofeno, la fisioterapia, la reducción de la actividad y la aplicación de frío.
Cuando estas medidas no son suficientes, el médico puede realizarse la aspiración o drenaje, un procedimiento en el que el médico introduce una aguja en el quiste para extraer el líquido. En algunos casos puede acompañarse de medicamentos antiinflamatorios, aunque existe la posibilidad de que el quiste vuelva a aparecer, ya que este método no elimina su origen.
En situaciones más complejas, como cuando el quiste reaparece o provoca compresión importante, se recurre a la cirugía, que consiste en extirparlo por completo mediante cirugía abierta o técnicas menos invasivas como la artroscopia.
Tratamiento natural
Los tratamientos caseros para el quiste sinovial se basan principalmente en medidas de cuidado conservador, ya que en muchos casos estos quistes son inofensivos y pueden desaparecer por sí solos con el tiempo.
En casa, se pueden aplicar algunas medidas como la inmovilización de la zona afectada con férulas, muñequeras o vendajes de compresión, lo que ayuda a reducir el movimiento de la articulación y a disminuir la irritación, la hinchazón y el dolor, aunque su uso no siempre es beneficioso en todos los casos, por lo que se recomienda utilizarlos únicamente bajo la indicación de un médico o fisioterapeuta.
Cuando el quiste no causa dolor ni limita el movimiento, muchas veces la mejor opción es simplemente observarlo y esperar, ya que en una gran parte de los casos puede desaparecer espontáneamente sin necesidad de intervención.
No se debe intentar reventar, pinchar, drenar ni golpear el quiste en casa, ya que estas prácticas pueden provocar infecciones, lesiones en la piel y daños en la zona, además de ser dolorosas, como ocurría en la antigua práctica conocida como “quiste de Biblia”.
Cabe destacar que no existen tratamientos naturales con evidencia médica que garanticen la desaparición del quiste sinovial, por lo que si el bulto duele, crece o limita el movimiento, lo indicado es consultar con un profesional de salud.