La Pseudomonas aeruginosa es una bacteria que puede encontrarse de forma natural en el suelo y el agua, y que se desarrolla principalmente en ambientes húmedos, como baños, albercas o bañeras.
La infección por esta bacteria ocurre con mayor facilidad en personas con el sistema inmunitario debilitado, como adultos mayores, recién nacidos, personas con diabetes no controlada, cáncer o alteraciones en los riñones o el hígado.
Entre las principales enfermedades causadas por Pseudomonas aeruginosa se encuentran la neumonía, las infecciones urinarias, la celulitis bacteriana, la erisipela, la otitis externa, la endocarditis bacteriana y la septicemia, y en la mayoría de los casos se asocia a infecciones adquiridas en el entorno hospitalario.
Principales síntomas
Los principales síntomas de infección por Pseudomonas aeruginosa son:
- Fiebre o escalofríos;
- Cansancio excesivo;
- Tos con secreción amarillenta o con sangre, dolor en el pecho o falta de aire;
- Enrojecimiento, dolor o hinchazón en los ojos, o pérdida repentina de la visión;
- Diarrea, náuseas o vómitos;
- Dolor en los músculos o articulaciones.
Además, también pueden presentarse una disminución de la presión arterial, latidos cardíacos débiles, somnolencia, dolor o secreción de pus por el oído, pérdida de la audición o ampollas en la piel con pus.
Los síntomas de la infección por Pseudomonas aeruginosa varían según el tipo de infección y el órgano afectado, como pulmones, corazón, oídos, ojos, cerebro y meninges, tracto gastrointestinal, huesos o piel.
En los casos de infección urinaria por P. aeruginosa, también pueden surgir síntomas como dolor o ardor al orinar, dolor abdominal o presencia de sangre en la orina. Vea otros síntomas de infección urinaria.
Cómo confirmar el diagnóstico
El diagnóstico de infección por Pseudomonas aeruginosa lo realiza un médico general o especialista en enfermedades infecciosas mediante la evaluación de los síntomas, el examen físico, el historial médico, las cirugías o procedimientos médicos o el ingreso hospitalario.
Para confirmar el diagnóstico, el médico debe solicitar pruebas como un hemograma completo y una evaluación microbiológica de orina, esputo, secreciones de la piel, ojos u oídos o una punción lumbar para identificar la presencia de la bacteria.
Además, se podrán solicitar otras pruebas, como radiografía de tórax, resonancia magnética, tomografía computarizada, ecocardiograma o ecografía renal.
Enfermedades causadas por Pseudomonas aeruginosa
Las principales enfermedades causadas por Pseudomonas aeruginosa son:
- Neumonía;
- Infección urinaria;
- Infección en la cicatriz quirúrgica o en la piel con quemaduras graves;
- Foliculitis, celulitis bacteriana, erisipela o ectima gangrenoso;
- Meningitis o absceso cerebral;
- Enteritis o enterocolitis.
Además, Pseudomonas aeruginosa también puede causar endocarditis bacteriana, osteomielitis, otitis externa u otitis media, así como queratitis o queratoconjuntivitis bacteriana.
Cuando la bacteria llega al torrente sanguíneo, puede provocar bacteriemia y desencadenar una infección generalizada o sepsis, lo que puede poner en riesgo la vida. Vea qué es la sepsis y cómo se trata.
Cómo se transmite
La transmisión de Pseudomonas aeruginosa puede ocurrir a través del contacto con tierra o agua contaminada con esta bacteria, como en piscinas no tratadas adecuadamente con cloro, jacuzzis o ambientes húmedos, como fregaderos, baños, cocinas o humidificadores.
Pseudomonas aeruginosa es una de las bacterias más relacionadas con infecciones hospitalarias debido a su capacidad para sobrevivir en equipos o dispositivos médicos mal esterilizados, como catéteres urinarios o ventiladores.
Además, esta bacteria también puede estar presente en soluciones antisépticas vencidas y en productos de uso doméstico, como detergentes o jabones para ropa que no han sido fabricados correctamente, o transmitirse debido a medidas de higiene inadecuadas por parte de los profesionales de la salud.
¿Pseudomonas aeruginosa es contagiosa?
La Pseudomonas aeruginosa es contagiosa y puede transmitirse de una persona a otra mediante el contacto con las manos o la piel contaminadas con la bacteria, así como a través del contacto con superficies contaminadas.
¿Quién tiene más en riesgo?
Algunos factores que pueden aumentar el riesgo de infección por Pseudomonas aeruginosa incluyen la infección por VIH o SIDA, la fibrosis quística, las enfermedades renales o hepáticas, el cáncer, la quimioterapia o el uso de medicamentos inmunosupresores, la diabetes mal controlada y los trasplantes.
También se consideran factores de riesgo las quemaduras graves, el internamiento hospitalario prolongado, la realización de cirugías, así como el uso de catéter urinario o venoso y la ventilación mecánica.
Además, los recién nacidos, las embarazadas y los adultos mayores también presentan un mayor riesgo de infección debido a una mayor fragilidad del sistema inmunitario.
¿Es grave la Pseudomonas aeruginosa?
La infección por Pseudomonas aeruginosa puede ser grave, especialmente en personas con el sistema inmunológico debilitado.
En personas saludables, la P. aeruginosa rara vez causa infecciones, y cuando lo hace, tiende a ser más superficial y menos grave.
Cómo se realiza el tratamiento
El tratamiento de la infección por Pseudomonas aeruginosa debe realizarse bajo la supervisión de un médico de cabecera o infectólogo e implica el uso de antibióticos en forma de gotas para los oídos, colirios, cremas, ungüentos, comprimidos o inyecciones en por vía intravenosa, dependiendo de la tipo de infección, para eliminar las bacterias.
Por esto, algunos ejemplos de antibióticos que puede recomendar el médico son las polimixinas, los aminoglucósidos, las fluoroquinolonas, las penicilinas, las cefalosporinas o los carbapenémicos, por ejemplo.
En el caso de resistencia bacteriana por Pseudomonas aeruginosa, el médico puede cambiar el antibiótico o utilizar una combinación de más de un tipo de antibiótico. Vea qué son las superbacterias.
Otros tratamientos que puede recomendar el médico son la retirada de catéteres o dispositivos médicos o la cirugía de escaras, drenaje de abscesos, tratamiento de perforación u obstrucción intestinal, desbridamiento de la piel para eliminar tejido necrótico o en los casos más graves la amputación del afectado. miembro.