Hematoma subcoriónico: qué es, síntomas, causas y tratamiento

El hematoma subcoriónico es la acumulación de sangre por debajo de la membrana coriónica, que se ubica entre el saco gestacional y la pared del útero, durante el embarazo, pudiendo no causar síntomas o resultar en sangrado vaginal.

El hematoma subcoriónico, también llamado hemorragia subcoriónica, sangrado subcoriónico o desprendimiento ovular, es más común que ocurra durante las semanas 10 y 20 de la gestación, y es causado por el desprendimiento de la membrana coriónica de la pared del útero.

Por lo general, el hematoma subcoriónico es absorbido naturalmente por el cuerpo, por lo que no requiere tratamiento específico; sin embargo, se debe tener el seguimiento de un obstetra, realizar exámenes de ultrasonido de manera más regular y seguir los cuidados recomendados por el médico. 

Médico realizando ultrasonido a una gestante

Síntomas de hematoma subcoriónico

Los principales síntomas de hematoma subcoriónico son:

  • Sangrado vaginal, que puede ser leve o intenso y con coágulos;
  • Cólicos, principalmente si el sangrado es intenso;
  • Sensación de contracción uterina.

En la mayoría de los casos, el hematoma subcoriónico no causa ningún síntoma, siendo descubierto en un examen de ultrasonido prenatal de rutina durante el embarazo.

Sin embargo, algunas mujeres pueden presentar sangrado vaginal leve, por lo que se recomienda consultar al obstetra para una evaluación.

En caso de que el sangrado sea intenso y esté acompañado de cólicos, se debe acudir inmediatamente a un centro de emergencias.

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¿El hematoma subcoriónico perjudica al bebé?

En la mayor parte de los casos, el hematoma subcoriónico no perjudica al bebé, en especial cuando el hematoma es pequeño, pues este puede ser absorbido por el organismo de la gestante en unas semanas.

Sin embargo, existe un mayor riesgo de aborto espontáneo cuando el hematoma es grande, mayor que el 25 % del área del saco gestacional, o está localizado en la región retroplacentaria, o cuando la edad materna es avanzada o el sangrado vaginal ocurre antes de las 8 semanas de gestación.

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Cómo confirmar el diagnóstico

El diagnóstico del hematoma subcoriónico es llevado a cabo por el obstetra a través del examen de ultrasonido, y en la mayoría de los casos asintomáticos, se encuentra de manera accidental en los exámenes prenatales. Vea los principales estudios prenatales.

Si la mujer está entre la semana 10 a 12 de gestación, el médico también debe verificar los latidos cardíacos del feto, que se consideran normales cuando se ubican entre 110 y 160 latidos por minutos.

No obstante, cuando la mujer presenta síntomas, además del examen de ultrasonido donde es posible determinar el tamaño del hematoma, el médico debe evaluar los antecedentes de gestaciones anteriores y el historial de infecciones de transmisión sexual o enfermedad inflamatoria pélvica.

Asimismo, el médico debe realizar un examen ginecológico para evaluar el sangrado vaginal, así como su cantidad y la apariencia del cuello del útero, además del examen abdominal.

En los casos de sangrado vaginal grave, el médico también debe solicitar exámenes como hemograma, hemoglobina, hematocrito, pruebas de coagulación sanguínea, tipo de sangre y compatibilidad sanguínea. 

Posibles causas

La causa exacta del hematoma subcoriónico no es completamente conocida, pero se sabe que ocurre por una separación parcial de las membranas coriónicas de la pared uterina.

Algunos factores que pueden aumentar el riesgo de hematoma subcoriónico incluyen:

  • Malformación uterina;
  • Antecedentes de aborto espontáneo recurrente;
  • Infecciones pélvicas;
  • Antecedentes de infecciones o traumas uterinos;
  • Fertilización in vitro.

Asimismo, una edad materna avanzada, por encima de los 35 años, también aumenta el riesgo de hematoma subcoriónico, así como la probabilidad de que el hematoma sea más grande.

Cómo es realizado el tratamiento

El tratamiento del hematoma subcoriónico debe ser llevado a cabo bajo orientación del obstetra, tomando en cuenta la edad gestacional, la gravedad de los síntomas y la estabilidad hemodinámica, además del tamaño del hematoma y su localización.

Por lo general, para gestantes estables, con pequeños sangrados vaginales y con el feto estable, se recomienda el seguimiento con ultrasonido después de 2 a 4 semanas de realizado el diagnóstico, que es el tiempo en el que el hematoma puede ser absorbido por el organismo.

Durante este período, no es necesario reposo absoluto; no obstante, el médico puede recomendar evitar la realización de esfuerzos excesivos y de contacto sexual.

En caso de que la mujer presente sangrado vaginal y sea del tipo sanguíneo RH negativo, se recomienda aplicar una inyección de inmunoglobulina anti-D.

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Si el hematoma subcoriónico es grande, el médico puede indicar la hospitalización.

¿En cuánto tiempo desaparece el hematoma subcoriónico?

El tiempo que demora el hematoma subcoriónico en desaparecer varía de acuerdo con su tamaño, pudiendo tomar algunas semanas en el caso de hematomas pequeños.

Para saber si el hematoma subcoriónico desapareció, debe ser realizado un ultrasonido, y se debe tener un seguimiento regular con el obstetra, siguiendo siempre sus indicaciones.

Posibles complicaciones

Las principales complicaciones del hematoma subcoriónico incluyen:

  • Desprendimiento prematuro de la placenta;
  • Parto prematuro;
  • Rotura prematura de las membranas;
  • Pérdida precoz o tardía del embarazo.

Asimismo, el hematoma subcoriónico identificado en el primer trimestre del embarazo aumenta el riesgo de hipertensión gestacional en el tercer mes de la gestación.

De manera general, los riesgos de complicaciones varían según la fase de la gestación en la que el hematoma subcoriónico fue identificado, su tamaño y localización, y factores de riesgo asociados, por lo que siempre debe ser evaluado por el obstetra para iniciar el tratamiento más adecuado.

¿Cuál es la diferencia entre hematoma y desprendimiento de placenta?

El hematoma subcoriónico o desprendimiento ovular es la acumulación de sangre entre la membrana coriónica y la pared del útero, lo cual principalmente ocurre entre la semana 10 y 20 de gestación y, generalmente, es absorbido por el propio organismo.

Por otra parte, el desprendimiento de la placenta suele ocurrir luego de las 20 semanas de gestación y es una condición grave que puede colocar en riesgo la vida del bebé y de la gestante, por lo que se recomienda acudir inmediatamente a un centro de emergencias para recibir la atención del obstetra.

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